Esta semana jugábamos el partido más importante en lo que va de temporada. Nuestro enfrentamiento contra el segundo era, además, el último partido de la primera vuelta y los dos equipos llegábamos con 14 victorias en 14 partidos.

 

ANÁLISIS DEL RIVAL

Nuestro conocimiento del rival era absoluto. Ellos juegan con un sistema 4-2-3-1, con una presión alta (extremos se emparejan a laterales) y un juego ofensivo muy determinado por su jugador estrella, que el año que viene pasará a formar parte de uno de los grandes de España (Real Madrid o Barcelona).

En el primer día de entrenamiento (martes) hicimos una presentación sobre el rival (sistema de juego, modelo de juego, informe básico de los jugadores, acciones a balón parado y comportamiento específico de nuestro equipo) que, además, enviamos por correo a todos nuestros jugadores para que puedan repasarlo el día antes de partido.

Nosotros no íbamos a cambiar nuestra forma de jugar y sabíamos que ellos no podrían hacer muchas de las cosas a las que acostumbran contra el resto de rivales de la categoría. Simplemente, durante la semana trabajamos tres o cuatro detalles específicos.

  1. Su lado fuerte de ataque es el derecho. Los encargados de iniciar el juego ofensivo son su lateral derecho y su central izquierdo (muchas veces, en conducción). El central derecho tenía un nivel técnico por debajo (ni calidad de pase ni calidad de conducción), así que nuestra presión alta (con el sistema 1-4-4-2 en rombo) sufrió una modificación concreta; uno de los delanteros hacía marca fija al lateral derecho y el otro al central izquierdo para dejar libre de marca y espacio al central derecho. Una vez que éste recibía balón, los dos delanteros ejercían pressing intensivo en zona de balón para buscar robo en primera línea u obligar al juego largo al equipo rival.
  2. Sus mediocentros no participan en la organización ofensiva con balón. Juegan muy paralelo, reciben poco y no se orientan bien, casi siempre recibiendo de espaldas. Suelen hacer movimientos de arrastre para generar espacios y que pueda recibir el media punta. Sabiendo esto, trabajamos con nuestro media punta más cerca de nuestro mediocentro para cerrar su salida natural (con el media punta) y dar libertad a los mediocentros para que fueran ellos los encargados de mover el balón en fase ofensiva. Una vez los mediocentros recibían, nuestro media punta y uno de nuestros interiores, hacían acoso constante sobre el receptor de balón.
  3. Su media punta necesitaba una vigilancia especial. No solo por su calidad, sino porque la organización ofensiva del rival estaba orientada a su juego. El equipo es horizontal y paciente hasta que por fin le encuentra (ya sea saliendo el central en conducción o mediante pase de los laterales que juegan por delante de los centrales o mediante arrastre de los mediocentros para que pueda recibir con pase vertical). Trabajamos con el mediocentro haciendo marca al hombre en la zona y, al mismo tiempo, durante toda la semana hicimos trabajo específico para buscar equilibrio en el centro del campo si sacaban a nuestro jugador de la zona. Interiores y media punta tenían que estar atentos y acertados en la toma de decisión para no dejar espacios por dentro.
  4. Sus extremos juegan a banda cambiada, son buenos dribladores pero siempre piden en corto y al pie. Adelantamos la defensa y como no teníamos que temer por nuestra espalda en los laterales, los centrales jugaron uno marcando y otro librando (el rival jugaba con un solo ‘9’ con buen desmarque de ruptura y buen juego de cara).
  5. Otro factor importante eran las transiciones ofensivas. Insistimos mucho (aunque es un principio de juego bien asimilado y de los más importantes dentro de nuestro modelo de juego) en que el primer pase tras recuperación fuera adelantado y eliminara jugadores porque el rival daba amplitud en ataque y le costaba cerrarse. Además, en las ocasiones en las que el central izquierdo del otro equipo pudiese conducir para batir líneas, metíamos a un delantero a su espalda (en vez de seguirlo) para tener ventaja posicional y posibilidad de contraataque tras recuperación.
  6. En fase ofensiva, hicimos hincapié en el juego entre líneas y la superioridad por dentro. Conscientes de que sus dos extremos, media punta y delantero tienen mucha libertad en ataque y son jugadores ofensivos a los que les cuesta volver, trabajamos mucho con media punta, interiores y uno de los delanteros para crear constantes 4×2 v. Su doble pivote.

 

GESTIÓN EMOCIONAL

El partido venía en un mal momento. En el anterior partido, contra el tercer clasificaco, nuestro lateral izquierdo titular y nuestro central derecho fueron expulsados. Además, nuestro lateral derecho causó baja a última hora (venía de una lesión de más de un mes y sufrió recaída). Uno de nuestros interiores titulares sufrió una micro rotura hace dos semanas y a eso hay que sumarle las lesiones de larga duración de nuestros dos mejores jugadores (un delantero centro y un lateral derecho).

La semana anterior, las bajas habían sido casi por sorpresa así que en el último entrenamiento contamos con dos jugadores de una categoría menor (dos años menos que el resto de jugadores) que entraron en la convocatoria. Contra el tercero, uno de ellos jugó un cuarto de hora y cumplió, así que le pedimos a la dirección del club que entrenara toda la semana con nosotros para que asimilara conceptos específicos y pudiera entrar en la convocatoria. Otro chico de su equipo, que finalmente entraría en la convocatoria y jugaría cinco minutos, vino a entrenar durante la semana para contar con jugadores suficientes.

Además, de forma inexplicable, había cierta tensión durante la semana. La superioridad mostrada a lo largo del campeonato hacía parecer que sólo valía esta semana y que fallar en esta semana era demostrar que no éramos tan válidos. Puede que la gestión emocional por parte del cuerpo técnico no fuera la más positiva. Yo aproveché estos dos partidos para durante el parón navideño activar a los jugadores y hacerles ver que “enero era el mes”.

Una hora antes del partido causa baja nuestro lateral derecho titular. El cuerpo técnico propone que nuestro mediocentro pase al lateral, pero eso no es aceptable con el trabajo específico que se ha hecho en esas zonas y apuesto porque juegue el canterano que ya tuvo minutos contra el tercero y había entrenado toda la semana con nosotros. Él jugaría de lateral izquierdo (y el que iba a jugar de lateral izquierdo, que es diestro, pasaba a su posición natural).

La previa al partido fue tranquila y sin cambios en la rutina. Decidí apenas hablar del equipo rival y centrarnos en aspectos más motivacionales que tácticos: “11 contra 11 sois mejores”. “No penséis que esto es la Copa de Europa, no penséis que aquí os jugáis la Liga”. “Y si queréis motivación, simplemente sabed que no hay en España un equipo con más puntos y mejor goalaverage que vosotros y que si sois el mejor equipo del Elche es por méritos propios. Y eso no va a cambiar hoy”.

Aun así las cosas, se habían calentado tanto que el nivel de activación no pareció el adecuado. Dominábamos, pero sin tener el control y había más errores en la ejecución que habitualmente. Además, nos encontramos con alguna sorpresa táctica:

  • El media punta pasaba a jugar a mediocentro. Evitaba así el marcaje individual o conseguía sacar de la zona a quien lo hiciese. Además, supondría el entrenador que era la manera más correcta de que el chico entrara en juego porque desde la media punta, con nuestra presión alta, sería difícil que él fuera el “contexto” porque no había suficiente calidad en zona baja para llevarle el balón.
  • La presión no era en zona alta, replegando para que sus laterales jugaran cerca de los centrales y no dejaran situaciones de dos contra dos (delanteros vs centrales).

 

EL PESO DEL ESCUDO

El cambio de posición de Ezequiel (el media punta del equipo rival) fue un regalo para mí y pronto lo vi.  Retiramos la marca fija para que nuestro mediocentro defensivo no dejara espacios entre líneas y nuestro media punta volvió a marcar a mediocentros en salida de balón, pero dejando a Ezequiel libre de marca para jugar a su espalda en cuanto recibiera balón. Ellos estaban imprecisos y la decisión de replegar y de que Ezequiel estuviera tan lejos del delantero hacía que ni tuvieran amplitud ni asociación arriba, así que la pérdida de balones era constante. Nos centrábamos en tapar posibles opciones de pase y, tras recuperación, atacar su espalda para obligarle a jugar lejos de tres cuartos de campo.

Sin embargo, viendo el funcionamiento del equipo y la tensión de los jugadores, no hicimos más modificaciones tácticas y dejamos jugar a pesar de que había claros errores en la toma de decisión (sobre todo, por parte de nuestros delanteros). Al descanso, hablamos y más o menos dije (no sé si debería reproducirlo textualmente):

Chicos, os voy a ser sinceros. Creo que nos hemos equivocado y os hemos metido una tensión sobrenatural para la edad que tenéis. Estáis jugando este partido como si nos jugáramos la vida y no es así. Tenéis miedo al error, a sobresalir, hay algún jugador que parece que tenga las piernas atadas. No os estáis dando cuenta de que no son nada del otro mundo porque estáis demasiado preocupados por el resultado. Mirad, queda una parte y, si empatamos, seremos líderes y posiblemente campeones a final del año. Pero es que eso no es lo importante y no lo digo para buscar el empate. A nadie le gusta ganar más que a mí. Pero ganar como consecuencia de lo que se trabaja. Por eso y por nada más. Así que jugad como sabéis y no tengáis miedo. Os voy a decir algo y voy a ser muy sincero. Seguramente esta tensión también es por la presión que parece que están imponiendo desde el club con tantos nuevos cargos, reuniones, necesidad de parecer el Madrid o el Barça y parece que alguno le pesa el escudo que lleva. Y no debería ser porque no es un escudo tan grande ni de nosotros depende nadie más que nosotros. Olvidaros de que sois un club, olvidaros del equipo de Segunda División, etc. Pensad que solo somos nosotros y que solo queremos ganar por nosotros. Lo demás nos da igual. Los dos delanteros: os han cambiado la marca a los cinco minutos y vosotros no habéis modificado dinámicas. Hablamos de que había que dejar libre al central derecho… pero si lo pasan a la izquierda, entonces es al de la izquierda al que hay que dejar libre. No pasa nada, no es vuestra culpa, es simplemente la demostración de que estáis tan empeñados en el resultado que no estáis pensando como hacemos siempre”.

Cuando salieron, los reuní en el centro del campo y les dije que se olvidaran de los gritos de la gente, de los padres, del resto del cuerpo técnico, del rival… que jugaran tranquilos, que lo sabían hacer y que si yo llevaba todo el partido callado era porque no tenía mucho que corregir. Que ya estaba trabajado. Y si tenían dudas, que me miraran a mí, que yo seguiría callado.

 

TOCAR ALGO

En la segunda parte, intensificamos la presión, jugamos mejor, menos tensos y el otro equipo poco a poco empezaba a bajar físicamente. Le costaba más volver, tenía menos el balón, no amenazaba arriba y su doble pivote empezaba a estar muy lejos. Hice un cambio de posición. Nuestro media punta al interior izquierdo y nuestro interior de media punta. Quedaban 20 minutos y creía que merecíamos ganar así que había que tocar algo. No sabía muy bien qué. La razón táctica, en todo caso, era que nuestro interior hace grandes conducciones de largo recorrido. Buena zancada y buen disparo. Su equipo se estaba alargando, les costaba volver y en alguna de las transiciones ofensivas, podíamos atacar por ahí. Sin embargo, fue el media punta que ahora estaba jugando de interior izquierdo el que marcaría el gol.

Cinco minutos antes del primer gol habíamos hecho un cambio delantero por delantero. Quitamos a un jugador acostumbrado al juego entre líneas por alguien de contraataque. Renunciamos a ese juego entre líneas porque el rival estaba cansado y no había necesidad de crear superioridades en tres cuartos, sino que cuando generáramos el espacio, hubiera gente arriba.

Con 1-0, el entrenador rival mandó a su equipo al ataque y los laterales, de tendencia ofensiva por fin intentaron pasar campo contrario. Nuestra orden fue clara; ordenar a los dos delanteros a marcar a sus centrales y no bajar a defender. Hicimos muy largo al equipo contrario y éramos una amenaza total en transición porque con dos pases estábamos en portería contraria. En una de esas transiciones, uno de los delanteros atacó la espalda del lateral, hizo un pase al área y el delantero que acaba de entrar, se adelantó al central y marcó el 2-0.

Quedaban cinco minutos, así que hice debutar al otro jugador menor que había estado entrenando con nosotros toda la semana. Jugaba de mediocentro, entró por uno de los delanteros y pasamos a jugar 1-4-1-4-1. El partido estaba cerrado.

 

* Francisco Ruiz Beltrán es entrenador de las categorías inferiores del Elche CF. Autor del libro “Filosofía y manual de un entrenador de fútbol” (Wanceulen Editorial).    En Twitter: @futbeltran

- Ilustraciones/Fotos: Band Sports – Elche CF