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Los extremos de la historia del Barça: esos locos bajitos

por el 6 septiembre, 2012 • 8:37

Desde muy niño sentí predilección por los extremos. Esos jugadores diferentes que juegan pegados a una banda y que cuando yo era niño jugaban siempre con el “7” y el “11” a la espalda. Por aquel entonces, mediados de los 80, mi padre me llevaba a La Planilla, el estadio del Calahorra, equipo riojano de Tercera División. Brillaba en aquel equipo un siete genial llamado Javi Navajas, un tipo bajito que aceleraba por la banda derecha como Bolt y centraba como los ángeles. Siempre recordaré las palabras de mi padre: “Navajas es el último extremo, es una especie en extinción”. Esa frase me marcó y desde entonces busqué especialistas de banda en los equipos que veía por televisión y la verdad es que, al menos a nivel español, no los había. Los extremos se disfrazaban como centrocampistas de banda y, ciertamente, parecían una especie más en extinción que el urogallo.

Sin embargo, llegó Cruyff y todo cambió, para bien, en el fútbol español y en el F. C.Barcelona. Especialmente cambió para los extremos. El Flaco llegó a Can Barça en 1988. Incorporó al equipo a Txiki Beguiristain, el heredero de López Ufarte, y recuperó al Lobo Carrasco para la causa. Pegó a ambos a las bandas. Cuando el de Alcoy falló, llegó a poner a Julio Salinas y Gary Lineker, pero siempre había alguien que abría la banda. Incluso estaba en aquel plantel Jordi Roura, extremo diestro jovencito que hoy en día es el primer ayudante de Tito Vilanova. Pero no fue Cruyff quien inventó los extremos; solo recuperó una posición que había sido posiblemente la que más ídolos había dejado entre la afición a lo largo la historia del club.

PARSONS, FORNS, VINYALS…

Uno de los primeros equipos de la historia del Barça, con John Parsons entre los jugadores

El primer gran extremo de la historia del club fue John Parsons, un inglés de Barcelona, que fue uno de los fundadores del club en la reunión celebrada en 1899 en el gimnasio Solé. Fue un extremo goleador y especialmente el gran asistente para el goleador de la época y fundador del club, Joan Gamper. Empresario tintorero, se quitaba la corbata cada fin de semana para asombrar a los aficionados en el Velódromo de la Bonanova.

El heredero de Parsons fue Romà Forns, un destacado atleta de fondo catalán, que probó un día con el fútbol y se convirtió en el gran siete de principios de siglo. Sus regates hacían las delicias de la afición y logró unas cifras espectaculares de 77 goles en 225 partidos, siendo la estrella en la conquista de 3 Copas de los Pirineos. Una vez retirado, llegó a entrenar al Barça en la primera Liga de la historia, la de la temporada 1928-29, que ganó el equipo blaugrana.

Mientras no se consolidaban extremos izquierdos, surgió otra estrella en la banda derecha, el heredero de Forns, Francesc Vinyals, un hombre que tras una apariencia enclenque escondía a un extremo eléctrico, que destacaba por su gran velocidad y por hacer diagonales diabólicas y al que las crónicas de La Vanguardia calificaban de “hermosura de jugador”. Cinco Copas de España y 6 de Catalunya jalonaron una brillante carrera que comenzó en 1913 y que acabó en 1926 con la explosión de Viçenç Piera.

PIERA, SAGI, BRAVO, BASORA, CZIBOR…

Los años veinte coinciden el primer gran Barça de la historia y con dos extremos que marcaron época: Viçenç Piera y Emilio Sagi. El primero, apodado La Bruja, destacaba por su técnica depurada, velocidad y centros precisos que acaban en gol de Samitier o Alcántara. Un futbolista que jugó la friolera de 501 partidos como azulgrana en los que logró 132 goles. El día de su fallecimiento La Vanguardia hizo un editorial loando las virtudes y valores de uno de los primeros jugadores que trascendió lo deportivo. En cuanto a Sagi, hay que señalar que fue el primer gran extremo izquierdo de la historia del club. Un especialista en lograr goles olímpicos y que destacaba por su precisión en el golpeo. Hijo del mítico barítono Emili Sagi Barba, formaba parte de la elite barcelonesa y se codeaba con Salvador Dalí, con quien jugaba partidos de fútbol en Cadaqués.

Zoltan Czibor

Tras la guerra civil, Pepe Bravo fue el primer extremo destacado. Un zurdo ceutí al que se apodaba Caballa y que tenía más carácter que altura. Fue el paradigma del extremo goleador, le encantaba tirar diagonales que culminaba con su potente disparo. No en vano logró como azulgrana 81 goles en 192 partidos. Entre 1940 y 1947 fue el dueño de la banda de Les Corts y una de las pocas alegrías de los aficionados culés de la posguerra.

El final de la carrera de Bravo coincidió con el surgimiento del mejor extremo puro de la historia del club, Estanislao Basora. El genio de la Colonia Valls fue uno de los míticos componentes del Equipo de las Cinco Copas, el más habilidoso de ellos y el mejor asistente para César y Kubala. El Monstruo de Colombes fue el propietario del número siete azulgrana entre 1946 y 1958 y todavía los culés más veteranos recuerdan su galopada elegante y su latigazo desde el borde del área. Basora compartió equipo con Eduard Manchón, un diminuto e inteligente extremo izquierdo que destacaba por su velocidad y regate. Ambos fueron inmortalizados por Serrat en Temps era temps.

Manchón tuvo que buscar nuevos horizontes ante el fichaje de Zoltan Czibor, el genial extremo izquierdo de la selección húngara de los “Magiares Mágicos”, un tipo apodado por su carácter Pájaro Loco. Czibor fue el primer extremo de la historia blaugrana en jugar a pie cambiado, era diestro pero jugaba en la izquierda. Por ello, sus diagonales eran incontrolables y sus disparos al borde del área un seguro de gol. Llegó con 29 años al FC Barcelona, y aunque los culés solo pudieron disfrutar de su juego tres años, dejó su impronta en el club.

STOICHKOV, FIGO…

A partir de Czibor, comenzó el declive. Muchos jugadores de nivel pasaron por la posición de extremo pero pocos se consolidaron. Hay que destacar los primeros años de Quimet Rifé, que luego se transformó en lateral o Pedro Zaballa, pero las nuevas tácticas hicieron perder protagonismo a estos especialistas. La cantera azulgrana sacó perlas a mediados de los sesenta, como Charly Rexach o Lluis Pujol. Charly es una de las glorias del club pero no era un extremo puro, ya que le gustaba recibir el balón en el centro y aparecía casi más en la media punta que tirado a la banda.

Hasta la llegada de Johan Cruyff no se revitalizó este puesto. La posición, como el fútbol en general, evolucionó, pero el Camp Nou ha seguido viendo grandes jugadores de banda, empezando por Hristo Stoichkov, ese loco búlgaro que arrasaba la hierba como Atila o siguiendo por Luis Figo, un grande en la banda, más allá de su marcha al eterno rival.

PEDRO, CUENCA, DEULOFEU…

Desde entonces, muchos han pasado por el puesto, desde Simao Sabrosa a Bolo Zenden, desde Ricardo Quaresma a Marc Overmars. Desde el pequeño Napoleón Ludovic Giuly a los jóvenes canteranos que han pasado por el puesto, adaptándose, como Bojan Krkic, o de forma natural como el gran Pedro Rodríguez, otrora Pedrito, un hombre hecho a sí mismo y que pasó en tiempo récord de Tercera División a ganar un Mundial. Hoy en día, el club sigue siendo vivero de grandes locos bajitos, como Isaac Cuenca, Cristian Tello y Gerard Deulofeu, la última gran esperanza de la afición culé. ¿La última? No, La Masía sigue dando frutos e imberbes chicos africanos como Alain Richard Ebwelle o Adama Traoré aseguran el futuro.

¿Quién le iba a decir al primer extremo, John Parsons, la dimensión que iba a adquirir su puesto? De momento, lo que podemos decir, y lo que le digo a mi padre, es que gracias al Flaco Cruyff los extremos no están en extinción, sino que vuelven a ser ídolos de las aficiones. Javi Navajas no fue el último, pero para mí siempre será el mejor.

 

* Ángel Iturriaga Barco es Doctor en Historia y miembro del GIHNT (Grupo de Investigación de Historia de Nuestro Tiempo). Autor de ‘Diccionario de Jugadores del FC Barcelona’ y ‘Diccionario de Técnicos y Directivos del FC Barcelona’. En Twitter: @anituarco



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