"Cada acto de aprendizaje consciente requiere la voluntad de sufrir una lesión en la propia autoestima". Thomas Szasz
Han pasado ya varios días desde mi abandono en Berlin, uno de esos días y una de esas pruebas en las cuales tenía la certeza de poder sacar todo lo que llevo dentro, uno de esos días en los que circuito, clima, liebres, grupo y ritmo eran perfectos. Llegaba a la capital germana, como dijo mi buen amigo Miguel Gamonal (al que felicito con todo el cariño del mundo!), “mas fino que una navaja de Albacete”, en menos de 60 kilos y con muchos y buenos kilómetros en las piernas… y una idea, una marca: 2h 10′ y la seguridad de que podía hacerlo, pues mucha gente empujaba desde España y mi estado de forma era óptimo.
Los primeros kms fueron a un ritmo alegre y pasaba el 10.000 a ritmo de 3’02”, un poco más rápido de mi idea inicial, pero ya regulando y “guardando”, a sabiendas de que el maratón empieza a correrse en el kilómetro 30. En una curva, al poco de rebasar los 20, apoyé mal, debido a la irregularidad del asfalto, y noté un pinchazo en el psoas de la pierna derecha, que ya me había estado dando la lata las semanas previas, pero que creía totalmente recuperado… Pasaba la 1/2 maratón a ritmo de 2h 10′, en 1h 04’52” aunque ya con molestias y unos dolores que se intensificaron hasta el punto de tener que pararme en el kilómetro 29. Un “palo” enorme y una sensación: impotencia. Dediqué un verano a llevar una vida de monje, sacrifiqué vida, trabajo y vacaciones por un sueño, por un objetivo, por una ilusión. No sé si habría aguantado a ese ritmo hasta meta (creo que sí), pero de cualquier forma tenía el derecho de sufrir, de llegar a mi límite y dejarme la piel en el asfalto… y, una vez más, me quedo con la sensación de “estar gafado”. Esta prueba es dura, cruel e injusta, pero después de tantos sinsabores no queda otra que seguir, seguir sumando y trabajando para sacar algún día esa carrera que me haga sentirme satisfecho, vacío y lleno a la vez…
Berlín ya es pasado, pero es pasado en lo deportivo… La que debería haber sido la carrera de mi mejor marca, de mi gran apuesta y dedicatoria a la siempre presente y añorada Mari Carmen, pero como ella habría hecho, solo queda mirar al frente, pensar en otra carrera y con la seguridad del que trabaja y lo da todo, tener la motivación y confianza de que en la próxima llegará ese éxito.
Para terminar y como no podía ser de otra forma en uno de mis “pasos por Berlin”, recibo otra marca a fuego… En el 2009 me rompía por todos lados para poder terminar la maraton del Mundial; en el 2011 “resucitaba” como atleta; y en el 2012 vuelvo a creer en el ser humano, en su generosidad y en su bondad…
Me encontraba tirado en cama, dolorido y cojo cuando Alberto Camardiel y Raúl Baltar me invitaban y animaban a acompañar a Maickel Melamed en los últimos kilómetros de su lucha contra la mítica distancia. No me podía imaginar “la que se me venía encima”; me costaba incluso ponerme los pantalones, pero el Espidifén ayudaba y las ganas por ayudar minimizaban los males… Pasaba un rato de charla con los amigos de “La Bolsa del corredor” y tomaba un taxi al hotel de Alberto, Raúl y Antonio Serrano; desde allí nos dirigimos al encuentro de Maickel…
Buf!!! Cuando nos encontramos con él todo cambió. A los pocos metros, mi concepto de héroe ¡cambió por completo! Maickel nunca será un super atleta, nunca batirá un record y puede que nunca levante al público en una grada o tribuna, pero Maickel Melamed levanta espíritus, emociona corazones y llega mucho más profundo que cualquier marca o ritmo sobrehumano. A su lado comprobé que hay personas maravillosas, que no necesitan ser altos, guapos y fuertes para tener toda la admiración, que no necesitan un traje ni un atril para despertar admiración y llegar a la gente; es más, Maickel apenas necesitó hablar para llegarme a lo más profundo del corazón y quedarse en él para siempre.
Yo lucho a diario, entreno y me sacrifico para mejorar, para lograr marcas, para superarme a mi mismo, acudir a campeonatos o simplemente ganar dinero… pero Maickel no, Maickel lo da todo, se vacía y sufre como nadie “solo” para ayudar a los demás, en un ejercicio de sufrimiento y generosidad sin límites. Ese domingo berlinés a su lado, a 18 minutos el Km, crecí como atleta, crecí como ser humano y recuperé la fe y la ilusión en el ser humano. Personas como Maickel me demuestran que si queremos todo es posible; él solito, con una personalidad enorme, con una fuerza indescriptible, hacen pequeño a cualquiera y es curioso que alguien al que la sociedad habría rechazado, se convierta en ejemplo, en inspiración y en espejo, pero así ha sido. Desde ese paso por la Puerta de Brandemburgo a su lado, algo se despertó en mi y todavía no soy capaz de ordenar todo… Makau, Gebre, Mutai, Tergat, El Gerrouj… han despertado y despiertan mi admiración, mi asombro y mi respeto, pero Maickel Melamed ha despertado mi conciencia…
Mi concepto de héroe ha cambiado y puedo decir que hay un antes y un después de conocer a Maickel Melamed.
– Para conocer más sobre Maickel Melamed.
* Pedro Nimo es maratoniano.
Seguir a @Pedro_Nimo
– Fotos: Maickel Melamed – EFE
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