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“El crédito no existe en el deporte”. Pep Guardiola


Fútbol / Crónicas 2013-2014 / Inglaterra

Combate nulo en el Emirates

por el 24 diciembre, 2013 • 10:25

Giroud Obi Mikel

Había pasado un mes de competición y Mourinho ya había dejado claro que la mediapunta tenía dueño, que Oscar era el ‘10’ y que el resto de atacantes se debía ubicar a modo de satélites alrededor del brasileño. Y así fue. Sin embargo, los problemas en la medular han acabado condicionando el planteamiento de mediocampo hacia adelante. La ausencia de un mediocentro puro en la plantilla ha obligado a Mourinho todo este tiempo a ubicar en la sala de máquinas a dos interiores –Ramires y Lampard–, cediendo la manija del equipo a dos futbolistas que juegan fuera de su posición. La solución a esto era cambiar este 4-2-3-1 por un 4-3-3 ubicando a Obi Mikel como mediocentro fijo para potenciar a Ramires y Lampard, que con la espalda protegida pueden desplegarse para pisar área con más facilidad, sorprendiendo en la zona donde realmente dañan. Este sistema elimina la figura del mediapunta, lo que lleva a desplazar de su posición –y de la posición donde le gusta verle a Mourinho– a Oscar. Las pruebas que fue haciendo el técnico portugués en el último mes en Upton Park ante el West Ham (0-3) y en la derrota (1-0) en el St. Jakob Park de Basilea, desplazaban a Oscar al extremo derecho, sacándolo del puesto donde tenía el monopolio desde principio de curso. Llegó el primer partido macho desde que Mourinho filtreara con este cambio de sistema y tomó una decisión tan sorprendente como coherente: salía con el 4-3-3, se cargaba el puesto de mediapunta y al propietario del mismo. Mourinho sacrificaba a Oscar en pro de que cada pieza se situara en el lugar donde más luce. Consciente de que la bola sería del Arsenal, apostó en los extremos por el desborde de Willian y Hazard y la velocidad de Torres en punta, buscando atacar los espacios que pudiera dejar el Arsenal a su espalda en cada pérdida de balón.                          

Ante la baja de Wilshere, Wenger decidió retrasar la posición de Ramsey, que formó en el doble pivote con Arteta. En una decisión valiente, el técnico francés buscaba lubricar la circulación de balón en el medio del campo aun a costa de prescindir de un medio de contención como Flamini que blindara un poco más esa zona. Este riesgo se compensaría a lo largo del partido con una pareja de laterales rezagada, carente de profundidad y apenas partícipe en ataque salvo en los diez minutos de oleada final. Los extremos serían para Walcott y Rosicky –siendo Cazorla suplente–, y Ozil haría de enganche por detrás de Giroud.

Los nueve partidos que habían enfrentado a Wenger y Mourinho en los últimos nueve años habían destacado por ser muy tácticos, de pocos goles y en los que nunca ganaba el francés (5 derrotas y 4 empates). Y el partido no se salió del guión. El trivote de Mourinho trababa la elaboración del centro del campo gunner, ahogando a un Ramsey desubicado y desdibujado todo el partido –dio 33 pases buenos menos que Arteta– y dejando que fuera Arteta –con otras virtudes menos decisivas en ataque– el que propusiera, convirtiendo cada ataque del Arsenal en un monólogo de posesión improductiva, incapaz de llegar al área con claridad. Özil no dejaba de ofrecerse, pedía el balón, pero las líneas de pase no existían en el último cuarto de campo, lo que llevaba a un desesperado Giroud a caer a banda más incluso de lo que suele hacerlo. El Chelsea tenía plan, pero adoleció de inspiración. De la única gran acción de Hazard en el partido nació la mejor ocasión del Chelsea. Un pase genial del extremo belga dejaba solo a Lampard, que entrando desde la segunda línea reventaba el larguero de la portería de Szczesny. Al borde del descanso, Hazard lanzó la contra por el carril central para acabar asistiendo a Willian que remató muy blando cuando tenía opciones mejores y tiempo para pensar. El jugador brasileño parece acusar el hecho de no estar tan en contacto continuo con el balón como cuando jugaba en el Shakhtar, pasando de ser el protagonista de todas las jugadas del equipo a ser protagonista de las suyas propias, y no eligiendo tan bien como lo hacía en Ucrania. De todas formas su margen de progresión –no ya a lo que puede llegar a ser, sino al retorno a ser quien fue– es tan exagerado, que el regreso a su mejor versión daría un brutal salto de calidad al equipo.

Hasta el último cuarto de hora, el partido parecía que se iba a recordar más por la polémica que por la emoción en las áreas. El encuentro había sido muy duro, con el punto álgido en una fea entrada de Obi Mikel a Arteta que pudo dejar con diez a los de Mourinho durante más de una hora, y en un posible penalti de Willian sobre Walcott. En el último tramo del encuentro, a algunos jugadores del Chelsea comenzó a pasarles factura el partido –con prórroga incluida– de Capital One que jugaron frente al Sunderland entre semana, la intensidad que había mantenido el equipo en la contención bajó y el Arsenal jugó sus mejores minutos. Por primera vez los de Wenger –que a pesar de no hacer cambios en todo el partido, su equipo ofreció su mejor versión al final del encuentro– encontraban espacios a la espalda del trivote, y tras una gran jugada Ramsey asistía a Giroud, que solo ante Cech echaba fuera el balón. El Chelsea reculó y el Arsenal la tuvo de nuevo en los pies de Giroud, que tras una gran jugada colectiva echaba alto el balón en una ocasión inmejorable. No cabe duda que la aportación del francés va mucho más allá de su cuota de gol, pero el hecho de que sea el único ‘9’ de garantías del equipo le obliga a traducir en gol semejante caudal ofensivo para poder pelear por títulos, y el hecho de que solo haya marcado en 2 de los 12 últimos partidos de Premier League y en ninguno de los 3 últimos de Champions, tiene mucho que ver con el bajón de resultados del equipo, sobre todo ante los grandes.

Mourinho se vio con el agua al cuello y metió a David Luiz por Torres a tres minutos del final para amarrar un empate que en lo anímico alimenta las dudas del Arsenal, que acumula cuatro partidos sin ganar –Everton, Napoli, City y Chelsea–, y refuerza a un Chelsea que llega a Navidad a dos puntos del liderato habiendo jugado en el estadio de 5 de los 8 primeros clasificados y habiéndole ganado al City en casa, con el Liverpool –líder por diferencia de goles con el Arsenal– como último gran escollo antes de acabar la primera vuelta. 

* Alberto Egea.




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