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"La simplicidad es la máxima sofisticación". Steve Jobs


Firmas / Frederic Porta

E-pistolario: Palo y tentetieso

por el 17 septiembre, 2014 • 11:07

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Querido amigo:

Con tu permiso, reemprendamos e-pistolario henchidos de buenos propósitos, como manda el dictado del calendario anual. Ya es costumbre de la casa, Martí, expresar estupefacción ante el panorama, pero esta vez va en serio porque la contemplación del paisaje trasciende Guatemala para entrar en territorio de Guatepeor, con lo que el conflicto diplomático parece garantizado por invasión. Vive el barcelonista una curiosa situación de esquizofrenia feliz, con perdón por la tremenda expresión. Sin saber aún a qué juegan los suyos, hacia donde apuntan y dónde puede quedar su techo en la temporada, dedican mucho tiempo de asueto a trasegar palomitas ante el espectáculo blanco y emplean las migajas de ocio a seguir con el rabillo del ojo esa feria de vanidades también conocido como juicio a la anterior directiva por la llamada acción de responsabilidad, consistente en pedir una pasta a ciertos señores que, en la mayoría de los casos, simplemente cometieron la atrocidad de pasar por ahí, trabajar para el club y ver ahora su patrimonio personal en peligro ante la petición de 3,7 millones de euros por barba para satisfacer facturas pendientes, cantidad que, como podrás comprender, los simples mortales no acostumbramos a llevar de calderilla en los bolsillos.

Dejo al Madrid y sus cuitas al margen, no sin antes reparar, como única excepción, en el carácter injusto y avieso de este mundo cruel. Si Casillas es culpable, apaga y vámonos, dejemos de creer ya en la bondad del género humano y apliquemos también aquí aquello del hombre hecho un lobo para el hombre soltado por Pascal. En fin, quizá algún día dediquemos alguna misiva a la contemplación de la meseta desde la periferia, pero por hoy sigue prevaleciendo la pereza o un simple instinto de supervivencia, conscientes de que, si algún día nos lanzamos a cometer tamaña imprudencia, nos caerán de todos lados y en abundancia. Por tanto, doctores tiene esa iglesia de confuso credo y con su pan procedan a la liturgia de comérselo. Nosotros, a lo nuestro, y lo de hoy es un juzgado, unos directivos, unas declaraciones ante el juez, desfile de abogados y ganas de litigar con palo y tentetieso, lanzando bravas acusaciones a la otra parte contendiente sean o no ajustadas a objetividad y derecho. Lo que interesa, básicamente, es demoler al adversario dada la africana ojeriza que se gastan tirios y troyanos, unos y otros, la parte demandante y la parte demandada. Tras dos días de preguntas y respuestas ante su señoría, de ver sentados a la plana mayor de la directiva, algunos conceptos ya se nos antojan diáfanos. Primero, el diagnóstico proclamado de manera transparente por el máximo Ausente, ese a quien conoces bien y habita en Baviera, clarividente para declarar que, hoy en día y hablando del Barça, solo cabes en dos categorías: o tienes el poder o te fastidias y lo ambicionas. No hay más. Por tanto, nada sacaremos en claro del avispero en el que se metió el actual establishment cuando decidió ventilar diferencias por vía judicial y arruinar en lo posible a los disidentes aprovechando, si se pudiera, el veredicto de la justicia.

Se nos escapan, como a casi todos, los detalles del asunto, pero permíteme, Martí, llegar a la conclusión de que aquí, en este nudo gordiano, no hay auditoria, déficit ni responsabilidad que valga, que todo es relativo, aproximado y circunstancial, como dijo el poeta, todo fruto evidente de la malicia, de las cuentas pendientes, de la absoluta tirria que se profesan unos y otros, anteriores y actuales. Por tanto, había que arrasar. Antes, sacabas la navaja trapera o citabas al romper el alba tras la tapia del cementerio para batirte en romántico duelo. Ahora, demandas con deseo de arruinar y empobrecer a quien opina distinto y ve este fenómeno de manera antitética a la tuya. Bandos, simplemente bandos con necesidad primaria de hacerse daño, de fastidiarse en lo posible. Arranca tal distancia sideral de, pobre Barça, considerarlo patrimonio de los míos, de las clases dominantes en el terruño que, casi siempre, han podido gestionarlo a voluntad y según les apeteciera. Antes, en tiempos, a base de pasarse el porrón –preciosa la simbología– entre mandamases del sector textil. Después, entre advenedizos y arribistas sociales que pretendían fama y reconocimiento y, de repente, cuando explotó todo en el tardonuñismo, con la llegada de una inesperada supernova que funcionó como simple excepción a la regla, período de siete años de carácter tremendamente singular que, para colmo, trajo la mejor época de tan dilatada historia. Y aquí, entre conservadores acostumbrados al mando y progresistas que solo pillan cacho en deslices históricos de corte pasajero, andan lanzándose los platos a la cabeza sin que ni siquiera el más justo de los hombres o de los dioses sea capaz de impartir real justicia. No hay matices. Es un maximalismo, todo o nada, blanco o negro, conmigo o contra mí. Ni siquiera se permiten independencias, neutralidades o burladeros donde buscar cobijo ante tanta cornada suelta. Consuélate, uno de los dos Barças ha de helarte el corazón si te dedicas a observarlo.

Para la inmensa mayoría del personal, nada más que Luis Enrique y la situación propia y ajena en la tabla clasificatoria, sota, caballo y rey. Con eso les vale, basta y sobra. Como son seis los puntos de ventaja que relucen más que el sol, aquí paz y gloria mientras dure el follón en patio ajeno. Nadie se preocupa del propio, nadie quiere sacar agua clara y trigo limpio en este lío opinable, arbitrario, complejo, discutible según sitúes los conceptos en la cuenta de explotación o escondas la bolita de gastos e ingresos a conveniencia. No hay siquiera voluntad de sentar precedente para evitar manirrotas gestiones de futuro. Solo pervive hasta deslumbrar el deseo de dañar el enemigo en casa, a los disidentes, a los que sienten el Barcelona de manera distinta a la tuya, a los que osaron mandar en lo que considerabas tu cortijo, tu territorio, una de tus posesiones más preciadas. Triste espectáculo que no alberga ni una sola ventaja para la entidad. En todo caso, ciertas conclusiones, quizá chocantes, tal vez peregrinas: resulta que quien manda de verdad en la entidad, más allá del presidente huido y del presidente accidental, se llama Javier Faus, encargado en su vida civil de gestionar un fondo de inversión catarí por si Carrasco quiere tomar del frasco. Después, da igual decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad ante la solemnidad de las togas porque cada testigo suelta su particular versión distorsionada, incapaz de arrimarse a una mínima objetividad. El club, en quiebra técnica cuando llegó dispuesto a redimirlo, aseguró el tremendista para quedarse tan pancho y ancho. Llegamos para ser los salvadores ante tamaño desastre, suele ser el mensaje nada subliminal. Lo peor de la judicialización consiste en arrojar máscaras al fuego y verlos, a todos, tal como realmente son. En definitiva, humanos. Por tanto, con mucho que desear en tantas materias.

Llega la Champions, señal de que esto pilla velocidad de crucero y la gente se distraerá con cuanto suceda sobre el verde tapiz. Quién sabe si es mejor así, si es el único terreno donde debe volar eso que llaman fútbol, animal exactamente igual al albatros, majestuoso en el aire de los partidos, patoso, torpe y demencial cuando toca andar por los suelos y las acciones de responsabilidad nacidas para canalizar la rabia, la baja pasión, el deseo de ajustar cuentas sin que asista la razón. Pensamos en algunos directivos encausados, de esos que entregaron largos años a la causa sin hallar compensación, solo por amor al arte, desde plano secundario, desdeñosos ante el foco público. Y pensamos en tanta manipulación, en tanto presentar la supuesta verdad sesgada según interese a los propios intereses entre cómplices. Que el juez decida pronto sin vencedores ni vencidos, sin perdones ni gracias. Si somos ingenuos, esa sería buena manera de parar una enloquecedora dinámica que no debe persistir entre unos y otros, los de la paella por el mango y aquellos que cometieron la osadía de tomarla prestada durante un ciclo.

Cuídate, Martí, y buena entrada en el otoño, que viene bravo.

                                                 Poblenou, sin trincheras

* Frederic Porta es periodista y escritor.


– Foto: EFE



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