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"El modelo de juego es tan fuerte como el más débil de sus eslabones". Fran Cervera


Selecciones / Fútbol

Evolución táctica de los dos finalistas de la Copa de África

por el 7 febrero, 2015 • 12:59

 

La 30ª edición de la Copa de África de Naciones se cerrará este domingo con la final entre Costa de Marfil y Ghana, que reeditarán la final que disputaron en 1992. Aquel encuentro se decidió en la tanda de penaltis y significó la primera y única Copa de África que los elefantes han conseguido hasta el momento. Por su parte, Ghana es la segunda selección con más entorchados: cuatro (Egipto, con siete, es la que más veces ha ganado el torneo). Ghana intentará hacer buena la frase de a la tercera va la vencida, ya que ha caído en dos finales desde que en 1982 consiguiera su último éxito en la competición africana.

CONFIRMARSE COMO UN GRANDE ÁFRICA

Los hombres de Hervé Renard comenzaron la competición con muchas dudas, tanto en su juego como en los resultados. Esas turbulencias al comienzo de la competición se tradujeron en unas sensaciones muy negativas. El equipo no funcionaba pese a presentar uno de los planteles más poderosos de toda la Copa de África. Aurier, Kolo Touré, Yaya Touré, Bony y un Gervinho a un gran nivel de forma se dan cita en un solo vestuario. Dos empates en los dos primeros encuentros dejaron a los elefantes en una situación muy delicada. El seleccionador francés comenzó utilizando en la competición un 4-4-2 que variaba en continuas ocasiones al 4-2-3-1. Ese sistema le valió para salvar un duro encuentro ante Guinea, donde los hombres que tuvieron la posibilidad de disputar minutos no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Renard cambió el esquema de juego en el siguiente partido. Malí era el rival y Costa de Marfil se presentó con un 4-5-2. El equipo jugó de manera más atractiva. Esa organización otorgaba mucha importancia a jugadores como Aurier y Tiené, encargados de realizar la labor de carrilero. Aprovechaban los espacios a la espalda de los laterales rivales y el equipo controlaba el juego con un centro del campo poblado con tres jugadores. Yaya Touré gozaba de mayor libertad en ataque y tenía capacidad para descolgarse, mientras que Tiote y Diomandé cerraban formando un doble pivote posicional. Pese a las variaciones, y a que el equipo brilló algo más que en el primer encuentro, el resultado reflejó, de nuevo, un empate a uno. Se echó mucho en falta a Gervinho. Todo se decidiría en el último encuentro de un grupo donde todos llegaron igualados a la tercera jornada.

Ante Camerún, la selección de Costa de Marfil presentó otra pequeña variación. Prescindió de un hombre de trabajo en el centro del campo e introdujo una línea atacante formada por dos extremos y una referencia atacante. Se asumió un riesgo importante, pero el resultado fue positivo. Serey Die y Yaya Touré trabajaron en el medio, pero también disfrutaron de libertad en ataque. Bony realizó perfectamente la labor de referencia ofensiva y trabajó mucho para sus compañeros Doumbia y Gradel. Con un gol del segundo de ellos se consiguió el tan ansiado pase a cuartos de final como primera de su grupo. El siguiente rival sería Argelia, una de las selecciones más técnicas del torneo y que llegaba con el precedente de su gran rendimiento en la pasada Copa del Mundo.

Gervinho regresó ante la selección argelina y su presencia fue determinante. Su gran estado de forma le permitió ser omnipresente en ataque pese a jugar en la banda. Sus continuas llegadas al medio, conducciones al espacio y desbordes ante los rivales fueron algunos de los elementos decisivos en el encuentro. Dos goles de Bony y otro del jugador de la Roma sentenciaron el partido y otorgaron a los elefantes el pase a las semifinales, donde los errores del rival y el buen aprovechamiento de los espacios que el contrario permitía fueron claves para una cómoda victoria. Las sensaciones negativas del inicio del torneo se tornaron en positivas conforme los cambios tácticos y el rendimiento del equipo se fueron reflejando en los resultados.

A RECUPERAR EL TRONO PERDIDO

La selección de Ghana aterrizó en Guinea Ecuatorial con una derrota ante Senegal. Los hombres de Avram Grant fueron encuadrados en el grupo más duro de la competición, junto a Argelia, Sudáfrica y la propia Senegal. La sorprendente derrota ante un rival teóricamente inferior provocó dudas en el vestuario. El encuentro inicial ante Senegal se planteó con la premisa de dejar jugar a los contrarios para poder salir con espacios al contragolpe con jugadores como Atsu o Jordan Ayew. El sistema utilizado para ese encuentro fue una especie de 3-4-2-1, con una doble mediapunta formada por Atsu y Ayew, que tan pronto tenían una gran influencia en la banda como después se posicionaban en las zonas centrales del campo. El experimento no funcionó y Grant rectificó para el encuentro contra Argelia, el más duro del grupo.

 

Ante los argelinos, el seleccionador ghanés pasó de un sistema algo extraño como el 3-4-2-1 a un sistema tan común, pero muy efectivo, como el 4-4-2. Gyan volvió al once, por lo que el equipo formó con dos puntas muy diferentes. Ese esquema permitía el trabajo de todos los jugadores. Replegar con once para que los dos puntas, con el apoyo en algunas ocasiones de los jugadores de banda, ejercieran una presión ante la salida del balón rival. Era otra actitud, más activa y no tan displicente como en el primer encuentro del grupo. El partido se saldó con victoria por un gol de Gyan en los minutos finales. Contra la selección de Sudáfrica, el equipo ghanés volvió a formar con el 4-4-2, pero esta vez en una versión cercana a la de un 4-2-3-1, ya que Jordan Ayew hizo las veces de enganche entre el mediocentro y Gyan. Su gran capacidad para controlar y atacar los espacios fue aprovechada retrasando su posición y disfrutando de más distancia para arrancar. El encuentro se saldó con los tres puntos y Ghana pasó a la siguiente fase como primera de grupo.

Guinea pasó a cuartos de final por sorteo ante el empate con Malí a todas las estadísticas posibles y fue el rival de Ghana. Avram Grant se presentó en el encuentro con el equipo que tan bien le había funcionado anteriormente. Solo había una novedad: Jordan Ayew se quedó en el banquillo y Appiah ocupó su posición compartiendo la delantera con Gyan. Dos goles de un Atsu que exhibió un gran nivel y otro de Appiah, que confirmó el acierto del técnico, dieron la victoria a los ghaneses de forma muy cómoda. En la ronda de semifinales se medirían al anfitrión, Guinea Ecuatorial, que se encontraba muy cómoda en su situación de local y había eliminado a Túnez en cuartos de final.

El esquema de juego de los partidos anteriores no se tocó, pero sí se volvió a introducir una variación en la parcela ofensiva del equipo. Esta vez Jordan Ayew fue titular y Gyan se quedó en el banquillo para permitir la continuidad de Appiah en el once titular por el buen rendimiento mostrado en el anterior encuentro ante Guinea. El conjunto ghanés cuajó un partido de mucho brillo, que quizás le otorgue algo más de favoritismo para la final ante Costa de Marfil. Jordan Ayew marco el primer gol del encuentro, en el que se benefició del trabajo realizado, en labores ofensivas, de su pareja atacante. El 4-4-2 contenía muchas variantes. Una de ellas era el reparto de labores de los mediocentros. Mientras que Acquah se mantenía como mediocentro posicional y de escasa llegada, Wakaso llegaba con cierta soltura desde la segunda línea, y en una jugada de ese tipo anotó el segundo gol al borde del descanso.

Andre Ayew anotó el tercer y último gol que sentenció el encuentro. Ghana llega a la final después de arrasar en la ronda de cuartos de final y en las semifinales. Costa de Marfil ha conseguido dos victorias claras, pero que dejan algunas dudas más que su rival. La única duda en el plantel de Avram Grant es qué pareja atacante formará en el once titular. En Costa de Marfil parece claro que Renard dará continuidad al esquema y los hombres que le han llevado a la final. Solo queda esperar al enfrentamiento entre dos de las mayores potencias modernas del continente africano.

* Christian Sánchez.





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