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Historias de la Liga: los 40 días de gracia de Johan Cruyff

por el 30 noviembre, 2015 • 12:41

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Desde hace unos años, Leo Messi y Cristiano Ronaldo nos han malacostumbrado reventando récords goleadores con una sencillez pasmosa. El de más jornadas consecutivas marcando es uno de esas marcas que reflejan la autosuficiencia de ambos futbolistas y ahí es donde más daño han reflejado en lo estadístico estos dos jugadores. En 2002, Ronaldo Nazario superó la cifra de diez partidos consecutivos anotando establecida por Vicente Català en la temporada 1940-1941 y posteriormente igualada por Mariano Martín tres años más tarde. Lo que habían sido 60 años de intentos sin éxito habían sido batidos por un brasileño que jugaba en el Real Madrid en lo que era ya su segunda resurrección. No obstante, diez años solamente le iba a durar el hito. La aparición de Messi y Cristiano Ronaldo tiró por tierra el récord del brasileño. Cristiano Ronaldo lo pulverizó alargándolo hasta las 21 jornadas consecutivas y el argentino lo igualó.

Ambos además establecieron varios intentos cercanos con rachas largas de partidos marcando: Messi (10, 6 en dos ocasiones, 5 en cuatro), Cristiano (8, 7, 6 en dos ocasiones, 5 en tres). Un ejemplo de poderío. Sin embargo, no todas las figuras cayeron en la liga de la misma manera. Una de las que sí lo hizo fue Johan Cruyff, quien durante su primera temporada como azulgrana dejó su mejor versión. Entre el 2 de diciembre de 1973 y el 13 de enero de 1974 entró en ese estado de trance que lo catapultó a lo más alto del Olimpo del fútbol español. Marcó durante siete partidos consecutivos y el Barça alcanzó en ese tiempo un liderato que ya no soltaría esa temporada.

EL DEBUT ESPERADO

La llegada de Johan Cruyff al Barça fue un absoluto culebrón. El club azulgrana llevaba desde 1970 intentando su fichaje sin éxito. Vic Buckingham, que había descubierto al holandés en el Ajax, avisó a su llegada a Barcelona que había que ficharlo como fuera y tres años tardó en llegar, ya con Rinus Michels en el banquillo. El Barcelona tuvo que pagar 120 millones de pesetas, un récord de la época, para conseguir sacar al holandés del Ajax, que había dominado la Copa de Europa los tres últimos años. Sin embargo, hasta otoño no se desbloqueó su transfer y Cruyff no pudo debutar con el Barça hasta la octava jornada de liga. El conjunto azulgrana había comenzado la temporada deprimido, con dos victorias, dos empates y tres derrotas, lo que le situaba en una peligrosa decimocuarta posición en la clasificación. El Granada, uno de los equipos más duros de la época, fue su primer rival, y tras un primer tiempo sin grandes noticias de Cruyff, el holandés se soltó tras el descanso con sus dos primeros goles. Años más tarde, un directivo de la época reconoció que temió por una lesión del fichaje estrella en su esperado debut. La defensa del Granada no se andaba con bromas.

Aunque los inicios de Cruyff en el Barça fueron esperanzadores, todo lo que generaba como fenómeno social parecía haber superado a lo futbolístico. Era el ídolo que había estado esperando el barcelonismo tras la marcha de Kubala. Representante del fútbol moderno y europeo, el holandés significaba para Barcelona llegar al nuevo fútbol. Con Cruyff se esperaba que terminara la espera para volver a conquistar un título liguero; el Barcelona llevaba desde la temporada 1959-1960 sin conseguir la liga, catorce años desde que el equipo de Helenio Herrera y Luis Suárez levantara el último campeonato del club. La figura mediática era tal que Cruyff al poco que llegar ya había estado en la presentación de un libro sobre su vida y una película autobiográfica Cruyff, número 14. La expectación era máxima, incluso se llegó a decir que el Camp Nou podía quedarse pequeño como años antes lo había hecho el antiguo estadio de Les Corts con Kubala. El holandés, sin haber todavía sobresalido como azulgrana, ya era el referente.

LA RACHA

Cuatro jornadas iba a tardar Cruyff en demostrar a la liga lo que le había llevado a dominar Europa con el Ajax de Ámsterdam. A la jornada 12, en la que jugaba contra el Sporting de Gijón, el Barça llegó como cuarto clasificado. Sin embargo, en ese partido algo iba a cambiar para siempre. En el que reconoció el propio futbolista como su mejor partido del año, el Barça arrolló a un conjunto asturiano liderado por Quini, quien a la postre acabaría como máximo goleador de la liga. El conjunto de Rinus Michels venció por 5-1 en la primera manita vista en el Camp Nou en tres años y Johan Cruyff anotó el primer gol de su racha para empatar a uno un encuentro que habían comenzado perdiendo, pero que acabarían ganando por goleada. Con dos regates y un disparo sin apenas ángulos dejó su huella en forma de gol antes de marcharse sustituido renqueante tras recibir una dura entrada. Ahí pudo acabar su racha, pero finalmente no revistió gravedad y aunque con precaución, pudo llegar al partido de la siguiente jornada.

El Málaga fue la siguiente víctima en un partido en que se pudo ver el nacimiento de una gran sociedad con su compañero Charly Rexach. El holandés marcó el 3-0 a pase del que fuera posteriormente su segundo entrenador en el Dream Team y Rexach anotó un gol en una jugada combinada con el holandés. El 4-0 al Málaga aupó por primera vez al Barça de Cruyff a lo más alto de la clasificación, lugar que ya no abandonaría. Por aquel entonces el nombre del holandés ya era motivo de pregunta en las ruedas de prensa de todos los equipos de España; el fenómeno Cruyff estaba comenzando a llegar al fútbol español y los entrenadores comenzaron a realizar las tácticas contra el Barça centradas en el mago holandés. El Oviedo, que fue su siguiente rival, planteó un marcaje al hombre en un intento de acabar con el fútbol de Cruyff. No obstante, pese a estar más apagado que de costumbre, el delantero acabó apareciendo para anotar de cabeza en el 1-3. El Barça comenzaba a verse como un rodillo difícil de parar.

El partido ante el Atlético fue un antes y un después para Cruyff. El conjunto colchonero era el vigente campeón y parecía ser la primera prueba de fuego de un Barça que estaba en forma, pero todavía se dudaba de si era la suerte del calendario. Aquel encuentro comenzó sin mucha acción, sin embargo, justo antes de llegar al descanso apareció Cruyff en la que es posiblemente su acción más recordada en toda su carrera. Rexach centró muy pasado en una acción que parecía que iba a acabar sin peligro para los azulgrana, pero entonces apareció Cruyff para convertirse en el holandés volador y firmar de manera acrobática en su gol más recordado, una imagen para la historia que copó periódicos y engrandeció su figura. El Barça venció 2-1 y comenzó a parecer imbatible. Tras el encuentro, France Football hizo público que Cruyff era el vencedor del Balón de Oro por segunda ocasión, al imponerse ese año en la votación al guardameta italiano Dino Zoff (Juventus) y a Gerd Muller (Bayern Múnich). Recuperaba un premio que Beckenbauer le había arrebatado el año anterior tras vencer la Eurocopa con Alemania.

Ya en 1974, el primer partido del año era ante un rival de primer nivel, el Valencia que entrenaba Alfredo Di Stéfano. Cruyff, sin hacer un partido prodigioso, demostró su determinación y marcó los dos goles en la victoria por 0-2. Eran pocos los rivales que no se rendían ante la evidencia de que el holandés era el mejor jugador del mundo en esos momentos. Uno de ellos, el guardameta de la U. D. Las Palmas Alberto Carnevali, lo subestimó en la previa a su encuentro y pagó los platos rotos. El argentino realizó unas declaraciones en prensa que no debieron gustar al holandés. Afirmó que Cruyff no era un fenómeno, sí un gran jugador, pero que fenómenos solo habían sido en el fútbol Pelé y Di Stéfano. Por supuesto, Cruyff se cobró esas palabras y anotó dos de los tres goles del Barça ante los canarios. En aquella ocasión, el holandés se encontró de nuevo con una treta táctica contra él con un marcaje zonal de Las Palmas, algo que no evitó para una nueva exhibición.

Ante el Elche acabó la racha de Cruyff. Anotó por séptimo partido consecutivo en una acción dudosa que fue airadamente protestada por el conjunto ilicitano por lo que consideraron un fuera de juego, pero que acabó subiendo al marcador y cerrando un duro encuentro que finalizó 2-0 a favor de los azulgrana. El holandés ya había convertido al Barça en un líder sólido y la afición esperaba cualquier cosa de las botas de uno de los jugadores más imaginativos que había visto con su camiseta. El idilio más largo que tuvo Cruyff con el gol como azulgrana se paró en el campo del Racing de Santander, en un encuentro donde el marcaje al hombre volvió a ser asfixiante, pero sus compañeros lo supieron aprovechar bien para vencer 1-3.

LA RESACA

Después de Santander, Cruyff anotó solo en cuatro partidos más esa temporada y todos ellos acabaron en goleada: 5-2 al Celta, 0-5 al Real Madrid, 4-1 a la Real Sociedad (dos goles del holandés) y 5-0 al Castellón. Aquella temporada, el Barça ganó todos los partidos en los que Cruyff marcó, una estadística muy representativa de lo que fue la mejor temporada del holandés como azulgrana. En la jornada 24 marcó su último gol y el Barça ya dominaba la liga por siete puntos. Aquel fue el primer y único título liguero de Cruyff con el conjunto azulgrana y sus registros goleadores también tocaron techo con los 16 tantos que anotó en los 26 partidos que disputó esa campaña. Desde entonces su mayor racha goleadora fue de tres partidos consecutivos y lo hizo tres temporadas más tarde. El Camp Nou no volvió a ver un Barça tan resolutivo como en esos 40 días en los que Cruyff escribió su nombre en letras de oro en la historia del fútbol español.

* Iñaki García.


– Foto: FC Barcelona




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