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Valencia / Fútbol / España

La “factoría siniestra”

por el 3 febrero, 2015 • 1:31

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Las matrioskas han llegado hasta nuestros días como artesanía típicamente rusa, pero su origen nos lleva a Oriente. Concretamente a Japón, donde a mediados del siglo XIX ya hay noticias de su fabricación. Fue precisamente por el extremo asiático del país más extenso del mundo por donde se colaron estas muñecas en 1890 para comenzar una carrera que las convertiría en uno de los souvenirs más reconocibles de la antigua Unión Soviética. Su particularidad reside en un interior hueco que permite albergar nuevas muñecas, cada una de ellas más pequeña que la anterior, coloreadas por multitud de colores. Lo que conforma un auténtico desplegable a modo de escalera cromática que conocen bien en Valencia.

Allí, a orillas del Turia, se ha instalado una de esas factorías. La producción en serie y el recambio de piezas no ha mermado ni un ápice una elaboración artesanal, cuidada, con una fabricación a prueba de golpes, lesiones y fichajes de última hora. A todo eso se ha sobrepuesto la factoría che, donde sus matrioskas tienen una denominación de origen clara: todas chutan con la izquierda. El molde lo encontraron con Jordi Alba, un extremo reconvertido en lateral que volvió a casa tras explotar el carril zurdo de Mestalla y con una Eurocopa bajo el brazo. El sustituto se encontraba en Paterna, donde a fuego lento habían cocido a una réplica del lateral catalán: Juan Bernat. Sus virtudes no pasaron desapercibidas para Pep Guardiola, que se lo llevó de recuerdo a Múnich. Tras su marcha parecía imposible repetir el molde, pero en Valencia son expertos artesanos y en tiempo récord pulieron su penúltima matrioska: José Luis Gayá.

Un erial se abría en el lateral izquierdo del fútbol español cuando el verano de 2010 agonizaba. Tras unas brillantes temporadas de Joan Capdevila en el Villarreal, el lateral izquierdo fue perdiendo peso en la selección. Su puesto, a pesar de su enorme rendimiento en la Euro 2008 o en el Mundial de Sudáfrica, siempre fue señalado como el punto débil de la España campeona. Un tópico que él se encargaba de negar partido a partido. Pero a esas alturas, en los albores de la temporada 2010-11, su posible relevo preocupaba y mucho en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Fundamentalmente porque no había en el fútbol español un lateral izquierdo específico de nivel para esa posición.

Nunca fue España un país pródigo en laterales izquierdos. Y eso que algunos de los más memorables coincidieron en tiempo y equipo, como Rafael Gordillo o José Antonio Camacho. Entre ellos y el mencionado Capdevila apenas encontramos a Sergi Barjuan como dueño inexpugnable durante casi una década del flanco zurdo de la retaguardia española. Por esa razón la excelsa producción valenciana sobresale por encima de la media en una posición en la que Paterna ya exporta talento como si de souvenirs rusos se tratara. Ahora que el horizonte plantea un overbooking a medio plazo en una posición tan específica como escasa en nuestro fútbol, es justo señalar al que hizo girar la rueda. Fue Unai Emery el primero que rediseñó la matrioska para marcar el camino a seguir.

JORDI ALBA Y LA REUBICACIÓN

El 18 de marzo de 2010, Jordi Alba (L’Hospitalet de Llobregat,1989) ocupaba un lugar privilegiado en el banquillo del WeserStadion de Bremen hasta que Unai Emery decidió que había llegado el momento de poner en práctica aquello que le venía rondando por la cabeza. En el descanso desveló sus intenciones: le dijo que jugaría de lateral. Estaba a punto de lanzar su carrera, y eso que al principio le costó. Hasta entonces, Alba había jugado como extremo izquierdo e incluso en la mediapunta. En esa posición despuntó en la cantera del Barça, de la que salió camino de la Ciudad del Turia previo paso por el Cornellá. Óscar Fernández es el hombre que apostó por Jordi Alba cuando este comenzaba a despuntar en el juvenil y lo subió al filial. “Jordi es un futbolista descarado, y conmigo jugaba de extremo o interior izquierdo. Siempre ha destacado por su velocidad y capacidad de reacción. Esas cualidades en el fútbol actual son básicas”, asegura el técnico, actualmente en la Academia Aspire de Catar. “Lo tienes que rebasar tres veces, porque rectifica muy rápido y te encima muy bien”, añade.

“Nunca había jugado en esa posición, pero poco a poco tuve más protagonismo en el equipo y ahora no me imagino en otra posición”, reconocía Jordi Alba el día de su presentación como culé. “En esos dos años en el primer equipo, Alba aprovechó muy bien el trabajo que hicieron con él Unai Emery y Juan Carlos Carcedo, mejoró su actitud defensiva tanto de posicionamiento como de lectura de las situaciones (nuevas) que tenía que afrontar“, señala Óscar Fernández. En ese tiempo aprendió a vigilar su espalda y comenzó a seleccionar mejor las arrancadas camino del área contraria. En el fútbol contragolpeador que practicaba el Valencia de Emery se sentía muy cómodo, y de esa proyección se aprovecha la selección: “Emery ha sido clave en mi carrera. Me ha dado la posibilidad de ir a una Eurocopa y de poder volver al Barça como lateral”. En el torneo continental, Moto GP hizo del carril izquierdo una de las autopistas más transitadas por la selección para desatascar los partidos más rocosos. De repente, España encontró en el lateral izquierdo una de sus principales armas.

BERNAT: REPETIR EL PLAN

Precisamente sería Unai Emery quien alternara en el mismo equipo al maestro y al alumno. Al referente y al más avanzado de sus alumnos. En la última temporada de Jordi Alba en Mestalla, otro jugador de banda hizo sus primeras apariciones con el primer equipo. Era zurdo y jugaba de extremo o de interior. ¿Les suena, verdad? Se llamaba Juan Bernat (Valencia, 1993) y con él probó con éxito el técnico vasco esa especie de doble lateral que tanto ha utilizado en sus equipos. Con Bernat, la banda izquierda del Valencia volvía a ganar protagonismo y velocidad con dos galgos que se retroalimentaban tanto en ataque como en defensa. Bernat era un producto 100 % che. Llegó con 7 años a Paterna y fue subiendo escalones en las categorías inferiores hasta llegar al primer equipo en la temporada 2011/12.

No obstante, con la llegada de Pellegrino perdió protagonismo y vivió un año de transición alternando el volante con el lateral izquierdo. En total, una docena de partidos en liga que no le permitieron explotar todo su potencial. Lo hizo, sin embargo, en el Mundial sub-20 de Turquía, portando un número ’11’ que le delataba. Pero allí jugó en el lateral izquierdo y reescribió una historia que suena familiar también en la federación. Bernat lo recuerda bien: “He empezado a ser lateral en la selección, porque en el Valencia siempre he jugado de extremo. Desde abril (2013) que hicimos un amistoso contra Paraguay ya me pusieron ahí y me dijeron que contarían conmigo en esa posición. Ahora ya me siento muy cómodo”.

En la federación española conocían bien su potencial ofensivo. Bernat era un asiduo a la selección desde la sub-16, y en su reconversión al lateral izquierdo vieron un nuevo caso Jordi Alba. Ginés Meléndez, máximo responsable de las categorías inferiores de la Roja, señala que “siempre le gustó más atacar que defender”. “En nuestro sistema de juego, como casi siempre tenemos el balón, terminamos acumulando mucha gente por dentro y eso hace que haya espacios en los carriles laterales y que puedan sorprender por banda”, explica. Aquel torneo le sirvió para presentarse a nivel internacional y convertirse en una alternativa real para el Valencia. Ese verano, los che cedieron a Aly Cissoko al Liverpool y Jeremy Mathieu fue reconvertido en central. Así que Djukic recibió con los brazos abiertos a ese nuevo lateral que se incorporaba con criterio y decisión al ataque.

Tardó poco Bernat en hacerse el dueño del rincón izquierdo de la defensa che. El valenciano contó tanto con la confianza de Djukic como del argentino Juan Antonio Pizzi cuando relevó al serbio en el banquillo. Las similitudes entre Bernat y Alba van más allá de su reubicación en el campo, su potente tren inferior o su velocidad. Ambos laterales comparten también empresa de representación e imagen. Desde Interstar Deporte han cuidado y mimado la carrera deportiva de ambos jugadores y aseguran que su acentuada personalidad y desparpajo resultaron clave para aceptar ese cambio de posición que finalmente les llevó a la élite. “Estaban en edad de aprender y a ambos les favorecía su proyección ofensiva para destacar. También influyó que ese tipo de lateral se puso de moda en el fútbol español”, resumen desde Valencia.

GAYÁ, POR FIN UN LATERAL

Poco podría imaginarse su buen amigo Gayá (Pedreguer, 1995) que el fichaje de Bernat por el Bayern de Múnich le cambiaría tanto la vida. En más de una ocasión se han publicado las palabras de Rufete esos días de duras negociaciones con el club bávaro: “Si lo quieren, le dejaremos salir, tenemos uno mejor en la academia”. Ese chico es José Luis Gayá, alicantino y valencianista. Cada día desde los 11 años se hacía los más de 100 kilómetros que separaban Paterna de su localidad natal. Tardes de coche, estudios, deberes y fútbol mientras ascendía categorías siendo siempre un referente en el lateral izquierdo. He aquí la primera gran diferencia de la nueva matrioska: estamos ante un defensor, no se trata de ningún converso.

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A sus 19 años, Gayá primero defiende y luego ataca. Pero eso no le resta ni un ápice de calidad en sus botas. Cuenta con una buena visión de juego, conoce todos los secretos de la posición de lateral y además sabe sumarse al ataque ofreciendo una nueva vía ofensiva a su equipo. Nuno apostó sin miramientos por él, algo que sorprendió al propio jugador. “No pensaba ser tan importante para Nuno”, reconocía Gayá a los compañeros de Kaiser Football. De hecho, no fue el técnico portugués el primero en darle la alternativa. El joven lateral debutó con el Valencia con apenas 17 años y Pellegrino en el banquillo. Era un partido de Copa del Rey contra la Llagostera y Gayá demostró que no le pesaba dar el salto con los mayores.

La siguiente noticia que tuvimos de él fue en febrero de 2013, cuando se anunció su renovación hasta 2018. La cláusula de rescisión ascendía hasta los 18 millones de euros, un precio muy elevado para hablar de un jugador del filial. A finales de ese año se convirtió en el jugador más joven de la historia del Valencia en debutar en competición europea, con 18 años y seis meses, aunque una inoportuna lesión retrasó su incorporación definitiva al primer equipo hasta marzo de 2014. Desde ese momento tuvo que competir con su amigo Bernat por hacerse un hueco en el once, hasta que la marcha de este le dejó libre el carril izquierdo.

En estos últimos meses sus certeros centros de rosca y su gran sacrificio defensivo han llamado la atención de media Europa y en los responsables de la selección española. Gayá se ha convertido ya en un habitual de la sub-21 y precisamente en una de esas concentraciones vivió una situación peculiar. El preparador de porteros de la selección española, José Manuel Ochotorena le hizo bajar del autobús para que conociera personalmente a Del Bosque. “No te despistes, que lo estás haciendo muy bien”, fueron las palabras del seleccionador. Esa es la siguiente prueba que deberá superar el de Pedreguer: convivir con los cantos de sirena que llegan desde Madrid o desde cualquier otro grande, mientras Rufete le convence para que se haga grande en Valencia.

LAS MATRIOSKAS QUE VIENEN

Como buena factoría, en Valencia no descansan. No existe fórmula secreta y sí mucho trabajo de formación y perfeccionamiento. Y el prototipo de carrilero zurdo completo se sigue moldeando en Paterna con un patrón marcado: estatura media de 1,70 metros, tren inferior poderoso, jugador menudo y fibroso. Esos mimbres los cumple Salva Ruiz, el último jugador del filial en incorporarse a los entrenamientos del primer equipo. A sus 19 años, este lateral izquierdo ya hizo la pretemporada con el Valencia y el pasado año jugó cedido en el Tenerife, en Segunda División. Aunque en el club che apuntan más abajo y señalan a Toni Latorre como el lateral izquierdo más destacado para los próximos años. Latorre juega en el juvenil A y lo describen como un defensor muy serio. Alterna el juvenil con el Valencia Mestalla y a su edad (17 años) debe primar la paciencia y el aprendizaje continuado como puente hacia el futuro.

Pero Paterna también exporta talento. Jugadores como Jaume Costa, lateral izquierdo del Villarreal, o Alex Grimaldo, uno de los defensores más destacados del Barça B de Eusebio y  que ya ha debutado con Luis Enrique, son otros ejemplos de jugadores criados en la cantera valencianista. Ellos buscaron su suerte lejos de Mestalla, pero todos comparten el mismo ADN. Y una misma fortuna: haber nacido zurdos, rara avis que por pura estadística (el 75 % de la población es diestra) te coloca en ventaja para crecer, formarte y especializarte en un perfil tan demandado como escaso. Flechas, en definitiva, que no solo ofrecen soluciones tácticas de gran valor a sus equipos, sino que han reportado hasta la fecha una buena cantidad de dinero al club que ya ha patentado el molde. La factoría siniestra no deja de producir matrioskas a orillas del Turia.

* Emmanuel Ramiro es periodista.




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