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Fútbol / Informes España

La soledad del portero

por el 9 abril, 2013 • 0:26

Los que han jugado de portero saben bien de lo que hablo. La portería es una de las posiciones más ingratas de un deporte tan dado a la solidaridad como es el fútbol. Puedes estar eternos minutos sin oler el balón y, de repente, recibir un gol sin previo aviso y sin posibilidad de hacer nada para evitarlo. Blocar, despejar y ser correcto es lo mínimo, pero en el caso de cometer un fallo individual no hay defensa posible: estás vendido. En este deporte de equipo, el portero juega casi en solitario. La soledad se hace casi insoportable cuando eres el segundo de la plantilla. Los porteros no rotan; la norma general impone que la confianza lo es todo en ese puesto. Radomir Antic siempre defendió que el delantero centro y el cancerbero son intocables. No hay revulsivos posibles: si tu portero responde, no hay motivos para el cambio.

La portería del Real Madrid vive el momento más inestable desde que César sentara a Iker Casillas allá por el año 2001, con Vicente del Bosque al mando. Doce años después, Iker se ve relegado a una soledad a lo no está acostumbrado, ni con el Madrid ni con la selección española. Quizás recuerde los partidos que les llevaron a ser campeones del Mundial Sub-20 de 1999, cuando era Dani Aranzubia quien jugaba por delante y él lo veía todo desde la bancada. Esta vez, la añoranza por defender el arco será aún mayor si el Real Madrid alcanza la final de Champions. José Mourinho quiere al que esté más en forma para la portería de su equipo, pero ¿qué pueden ofrecer realmente Diego López e Iker Casillas en lo que queda de temporada? Está claro que no se trata de un relevo generacional, porque ambos porteros tienen la misma edad.

Diego López Rodríguez, nacido en Lugo en 1981, subió en la temporada 2005/2006 a la primera plantilla del Real Madrid tras superar un largo periodo de preparación en las categorías inferiores y en los diversos destinos en los que estuvo cedido. Convertido en el segundo portero de la plantilla, tuvo que acostumbrarse al banquillo del Bernabéu y a vivir a la sombra de Iker Casillas durante dos temporadas. Sus participaciones con el equipo fueron prácticamente testimoniales: dos partidos oficiales en su primer año y tres en el segundo.

Sin embargo, era un portero que, pese a la escasez de minutos, tenía buen cartel y varios equipos europeos tenían puestos los ojos en él. El propio Capello, en su último paso por la institución, llegó a coquetear con la idea de que el gallego sustituyera a Casillas; el técnico italiano siempre ha aireado su debilidad por los porteros altos y sobrios. La apuesta no cuajó y Diego López tuvo que salir rumbo al Villarreal, un equipo asiduo en Champions y entrenado por Manuel Pellegrini. En tierras valencianas se hizo con la titularidad, y aunque no jugó la máxima competición europea el primer año, consiguió el único subcampeonato liguero de la historia del club.

Diego López, que siempre había sido un jugador solvente, explotó sus mejores cualidades defendiendo la meta del club castellonense. Es un portero de una gran envergadura: ronda los dos metros de altura y tiene unos brazos y unas piernas larguísimas, que le permiten llegar a todos los rincones, aunque normalmente no tiene que recurrir a grandes estiradas porque sabe colocarse debajo de los palos. Es un portero de esos que se dice con fundamentos: transmite seguridad, se sitúa bien y, gracias a su altura, en el Villarreal destacó en el juego aéreo y por su golpeo en largo con el pie.

Iker Casillas no brilla donde lo hace Diego López. Nunca ha sido un virtuoso en los balones cruzados ni sacando el balón jugado, dos defectos que le han acompañado toda su carrera y que han sido un estigma para el portero cuando han querido criticarle o restarle méritos. Estas carencias las complementa siendo el número uno en cuanto a reflejos: no hay otro portero que combine mejor agilidad, velocidad y anticipación. Aunque no tenga los fundamentos más sólidos, estas virtudes le permiten llegar antes que el esférico, meter la mano cuando el equipo rival está cantando gol o cerrar al delantero en un mano a mano antes de que tenga tiempo para pensar dónde va a colocar el balón. Con estas características, los penaltis se convierten en su mejor aliado porque tiene un sexto sentido para ello: lo supo Irlanda en el 2002, Italia en el 2008, Paraguay en el 2010, Portugal en el 2012 y a punto estuvo el Bayern München el año pasado, equipo al que paró dos en la semifinal de Champions, pero los lanzadores del Madrid no aprovecharon la ventaja.

Pero lo que puede aportar Casillas al Real Madrid en el campo es mucho más intangible. El liderazgo y la ascendencia sobre los compañeros o el respeto de los rivales y los árbitros no son poca cosa cuando hablamos de una semifinal de Champions League. Y no hablemos de una hipotética final. Seguro que Arjen Robben volvería a sentir flaquear sus piernas si volviese a enfrentarse uno contra uno con Casillas. Recordaría el Soccer City, la ciudad de Johannesburgo y, sobre todo, la bota del portero de España.

A favor suyo juega también un factor que se escapa de cualquier análisis técnico: desde que se enfundó la camiseta del Real Madrid y la selección siempre ha tenido buena estrella. Otros magníficos porteros han carecido de esa suerte y han pasado injustamente a la historia por una tarde gafada. Solo hay que recordar a Arconada o al mismísimo Ricardo Zamora.

Hasta la lesión, no había motivos para sentar a Casillas, pero Diego López ha superado con éxito la prueba de Mourinho: ha alejado de su mente los primeros nervios vividos en su regreso al Real Madrid y no parece el mismo portero que menguó su rendimiento en el Villarreal y que no consiguió la titularidad en el Sevilla. Contra el Galatasaray ha dado solidez a la portería y contra el Manchester fue decisivo. Sobra la discusión porque la última palabra la tiene José Mourinho, que tendrá que decidir con qué portero quiere pelear lo que queda de Liga de Campeones y la final de la Copa del Rey y quién tendrá que verlo desde el banquillo.

*Alex Argelés es periodista.


– Fotos: Javier Lizón (EFE)



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