El listón estaba alto. José Ignacio Martínez había llevado al Levante a los mejores años de su historia. En su primer curso consiguió que los granota jugaran competición europea por primera vez. El sexto puesto (mejor clasificación histórica del Levante en Primera División) hizo que durante la temporada pasada el escudo levantinista se paseara por los campos de Europa. Además de hacer un dignísimo papel en esta competición, el Levante no sufrió para mantener la categoría. Pero el cambio era necesario: un vestuario llevado al límite de sus posibilidades, dos años de éxitos inauditos y un clima algo enrarecido al final de la pasada temporada. JIM, con todo el cariño de afición, club y prensa, volaba hacia Valladolid. Y después de todo esto, Joaquín Caparrós.
Hubo cambios profundos en la plantilla. Ballesteros, Barkero, Juanlu o Munúa, jugadores veteranos e importantes en el vestuario, salieron. Diop ha estado a punto de hacerlo e Iborra se marchó al Sevilla apenas unas horas antes de empezar la temporada oficial. Cuando tienes todos estos cambios, el entrenador es nuevo y tu primer partido es en el Camp Nou, es difícil salir airoso. El problema para el Levante en ese partido es que nunca dio sensación de competir. Contra los culés es básico cerrar los pasillos interiores y mantener las líneas juntas, cosa que no se hizo. Además, el Levante no salía al contraataque. El primer pase tras el robo del balón no estaba interiorizado (pocas veces se robó) y el Barcelona, que atacó muy bien, estaba bien posicionado para recuperar el esférico. Los equipos de Caparrós están bien trabajados y tienen alma y carácter. El Levante en el Camp Nou mintió. No era ese.
El fútbol volvía al Ciutat de València y el propósito del Levante era claro: competir. Y lo hizo. De hecho, podemos decir que el Levante jugó mejor en casa contra el Sevilla, contra la Real Sociedad o contra el Almería que en la única victoria hasta ahora: en Vallecas. Contra el equipo de Paco Jémez concedió demasiadas ocasiones de gol y se mostró poco agresivo en ataque, pero consiguió ganar en el descuento con un gran contraataque. En el resto de partidos, varios detalles:
Volvía José Ignacio Martínez a la que fue su casa y, como no podía ser de otra manera, el Ciutat de València le recibió entre aplausos. El partido, más allá del 1-1 y el penalti fallado por Ivanschitz, dejó varios aspectos para resaltar:
Todo proyecto nuevo necesita su tiempo y el Levante de Joaquín Caparrós no es una excepción. Con el paso de las jornadas iremos analizando las mejoras en el juego, las variantes tácticas y los aspectos negativos. Si por algo se caracteriza Caparrós es por ser un técnico intervencionista. Esto es solo el principio.
* Ismael Ledesma.
– Foto: Kai Forsterling (EFE)
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