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Protagonistas / Historias

López Lomong: De niño perdido de Sudán a abanderado USA en Pekín’08

por el 5 junio, 2012 • 8:39

En España se ha desatado una positiva polémica al respecto de quién tiene que ser nuestro abanderado en la ceremonia de apertura de los JJOO de Londres el próximo 27 de julio. El juicio popular lo tiene claro: Rafa Nadal por carisma. La normativa COE también: Iker Martínez o Xabi Fernández por palmarés. Pero como nuestros regatistas son dos, factor de corrección de la norma al canto, y tendrán que decidir por votación los presidentes de las federaciones en junio. En fin, que en cualquier caso, y aunque el tema es importante, ese no es el que me ocupa ahora.

El nacimiento de este artículo es una concatenación de casualidades. Reflexionando sobre el abanderado español para Londres, se me ocurrió preguntarme, ¿en otros países también prima el palmarés? En Chile y Venezuela, no. Los elegirá la gente por internet. En Francia, sí. Han nombrado a Laura Flessel por encima de Tony Parker, gran palmarés ambos, pero mejor la espadista de Guadalupe. Pero, ¿y en Estados Unidos, que tienen héroes olímpicos para dar y tomar? ¿Cómo lo eligen allí? Y eso me llevó a buscar los abanderados del país del Tío Sam. Fue increíble comprobar como nunca lo fueron grandes campeones olímpicos de la talla de Michael Phelps, Michael Jordan, Carl Lewis, Michael Johnson, Matt Biondi, Mary Lou Retton, Mark Spitz, Jesse Owens, etc… ¡Cualquiera de ellos hubiese sido espléndido!

Empecé a bucear y los nombres de los abanderados me sorprendieron por su, en general, falta de currículum deportivo: López Lomong en Pekín, Dawn Staley en Atenas, Cliff Meidl en Sydney, Bruce Baumgartner en Atlanta, Francie Larrieu-Smith en Barcelona… Llegué a 1984. ¿Ed Burke? Entonces encontré la historia que Martí Perarnau había escrito sobre el lanzador de martillo abanderado USA en Los Ángeles’84. Le envié un mensaje felicitándolo por el escrito y recordándole que el abanderado de Pekín’08 era un desconocido llamado López Lomong, pero también con una gran historia tras de si como Burke. Y Martí me dijo: “¿Por qué no escribes sobre Lomong?”. Pues eso, casualidades y en ello estoy.

López Lomong, o Lopepe Lomong como se llamaba en Sudán, era un niño que vivía en Kimotong, al sur del país, con sus padres Awei Lomong y Rita Namana. Soñaba con que acabase el sermón de los domingos para ir a jugar a fútbol con sus amigos. En 1991, cuando tenía 6 años, un día sin esperarlo fue la última vez que asistió a la iglesia. Unos soldados rebeldes, los Janjaweed, lo secuestraron junto a otros niños para convertirlos en niños soldados. El conflicto de Darfur, las dos guerras civiles sudanesas, la rebelión del sur, los crímenes contra la humanidad de Omar Hassan Al-Bashir… son temas de difícil comprensión para nosotros desde la lejanía. ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes los malos? Pero a Lopepe no le dieron opción de elegir bando. Prepárate o muere, sé niño soldado o muere. Y muchos de sus amigos perecieron.

Sin saberlo, Lopepe acaba de entrar a formar parte del grupo de 20.000 niños robados a sus familias y conocidos como los niños perdidos de Sudán. Un asustado Lopepe estuvo tres semanas confinado en un campamento de los soldados del Ejército de Liberación de Sudán. Hasta que una noche, aprovechando un agujero en la alambrada, huyó junto a cuatro niños más, mayores que él y que se apiadaron de un pequeño de 6 años. Durante 3 días no dejaron de correr hasta que tuvieron la certeza que habían llegado a la frontera con Kenia. La pesadilla había terminado y una Misión católica cerca de Nairobi lo acogió durante 10 años. Ya como López Lomong, pasaba mucha hambre y corría unas 8 millas al día para engañar el estómago. Su vida parecía definida, esa era su estación final.

 

¿SE PUEDE LLORAR DESPUÉS DE GANAR?

Pero imaginemos ahora una cálida madrugada del verano africano. Estamos en el año 2000 y encontramos a un López Lomong de 15 años que está viendo la vieja tele en blanco y negro de la Misión. En pantalla, los JJOO de Sydney, la final de 400 metros, el pato Michael Johnson ganando el oro, y sus lágrimas en el podio escuchando el himno estadounidense. Y sin saber cómo ni por qué, aquella imagen impactó a Lomong. “¿Se puede llorar después de ganar?” se preguntó. Y una convicción nació en él: “Quiero ser como ese de la tele, quiero ir a los JJOO representando a Estados Unidos”. Uno podría creer erróneamente que si la casualidad le hubiese hecho ver a Cathy Freeman llorando tras ganar el 400 femenino, Lomong hubiese querido ser australiano. Pero nada más lejos de la realidad porque para él, la bandera de las barras y estrellas siempre había estado presente en su vida, ya que era la que portaban los soldados que escoltaban los envíos de material humanitario que recibían a menudo en Kenia.

Con un objetivo en mente, en 2001 López Lomong escribió un ensayo contando cómo se esforzaría si le dejasen vivir en Estados Unidos. Las redes de las misiones católicas hicieron el resto y ese mismo año, cumplidos los 16, fue enviado a Tully, Nueva York, con una familia de acogida. Robert y Bárbara Rodgers pasaron a encargarse de él. López Lomong llevaba toda la vida corriendo y se percató de que podía ser bueno en ello. Fue creciendo, como hombre y como atleta, y sus resultados le llevaron a entrar en la Northern Arizona University, en Flagstaff. En 2007 se convirtió en campeón universitario indoor de 3.000 m y de 1.500 m al aire libre. Y el sueño de niño en la noche de Kenia se convirtió en realidad cuando el 6 de julio de 2007, 16 años después de ser secuestrado, pasó el test de ciudadanía USA. Tenía un país, una nacionalidad. Perdía su fecha de nacimiento, sí, porque aunque él sabía que nació el 5 de enero, el gobierno estadounidense le asignó nueva fecha, 1 de enero de 1985. Pero daba igual. ¡Ya nunca más sería un niño perdido de Sudán!

 

Ya era yankee, ya podía ser como Michael Johnson y clasificarse para los Juegos de Pekín 2008. Y lo hizo. Y viajó con otros 587 atletas a la capital de China, un país que apoyaba económica y políticamente al gobierno de Omar Hassan Al-Bashir, el demonio a los ojos de aquel niño de 6 años secuestrado diecisiete años atrás. El destino le iba a dar la oportunidad de “vengarse” ya que López Lomong era del Team Darfur, un grupo de atletas que trabajaban para que la guerra en Sudán fuese declarada un genocidio por los tribunales internacionales. ¡Y será por eso que los capitanes del equipo USA lo eligieron como su abanderado! López Lomong ha explicado la vergüenza que sintió cuando todas la estrellas estadounidenses alzaron sus brazos para señalarle a él como abanderado. ¿Os imagináis a Michael Phelps, Ryan Lochte, Dara Torres, Natalie Coughlin, Tyson Gay, Sanya Richards, Nastia Liukin, Kobe Bryant, LeBron James, Jason Kidd, Serena Williams, etc… diciendo: “López Lomong, tú serás nuestro abanderado”? ¡Pues eso es lo que pasó!

El 8 del 8 de 2008, López Lomong entró en el Estadio del Nido de Pájaro con una boina tan blanca como su sonrisa portando la bandera que tantas veces había visto en la Misión. Fue advertido por el Comité Olímpico USA de que no incomodase con declaraciones reivindicativas al gobierno chino… ¡y se portó bien! Fue eliminado en semis de 1.500, pero aunque le hubiese gustado llegar a la final, ¡qué más daba! Lopepe ya era un símbolo, un personaje que había superado el ámbito deportivo y que usará esa ascendiente para ayudar a los necesitados. Un africano de Estados Unidos que, desde la independencia de Sudán del Sur en 2011, trabaja para mejorar la calidad de vida de los suyos. Ha creado la Fundación López Lomong; ayudado a crear la asociación 4 South Sudan… ¡nada es suficiente para devolver el regalo que él recibió! I run for my home country, I run 4 South Sudan, es su lema.

 

A día de hoy, López Lomong espera los trials USA de Oregón para intentar clasificarse para Londres 2012 en 5.000 m (ha subido de distancia). De momento, ya tiene hecha la mínima en una carrera rocambolesca en la que se equivocó al contar las vueltas. Cuando faltaba una, creyó que había ganado y se paró. Los gritos del público lo alertaron, arrancó a correr de nuevo, cogió al grupo… ¡y ganó e hizo la mínima! Veremos qué puede conseguir en Londres. Ya no será abanderado, ya no le podrá la emoción de los sueños cumplidos. Pero si al terminar los 5.000 metros gana el oro, tened por seguro que llorará cuando escuche el Star-Spangled Banner. Y tal vez el ciclo vuelva a empezar en algún recóndito rincón del mundo.

 

* Ernest Riveras es periodista. En Twitter: @ErnestRiveras

– Fotos: AFP – USAT – PhotoRun.net – AP




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