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Los Warriors pierden, pero sobreviven

por el 10 junio, 2015 • 9:58

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Cleveland Cavaliers venció el primer partido de la serie a Warriors (96-91) en su propio campo haciendo bueno el “break” que consiguieron en Oakland. Los hombres de David Blatt tuvieron noqueados durante gran parte del partido a su rival en base a una gran defensa sobre sus dos puntas de lanza, Stephen Curry y Klay Thompson. Pese a llegar a ir 20 puntos por encima, un último cuarto donde se notó la poca rotación de Cavaliers y un acierto de Steve Kerr dieron a Golden State la oportunidad de volver a entrar mentalmente en la final.Una imagen dio la vuelta al mundo tras el segundo partido en Oakland: LeBron James celebrando con toda la rabia del mundo la victoria en un partido que no se podía ganar. Cavaliers había llegado a ese segundo partido habiendo dado una buena imagen en el primero, pero con la sensación que no podrían mejorar en el segundo debido a la ausencia de Kyrie Irving (además de las de Kevin Love y Anderson Varejao). Enfrente tenían un equipo que solo había cedido tres derrotas en casa en toda la temporada y la machada de Cavaliers fue dolorosa. Los de David Blatt sorprendieron al mundo entero demostrando un hambre brutal y el golpe fue tan duro para Warriors que duró tres cuartos del tercer partido de las finales de la NBA.

TRES CUARTOS DE UNOS WARRIORS DESCONOCIDOS

Este tercer partido no estuvo marcado por el aspecto táctico, si bien Steve Kerr pareció encontrar en el último cuarto una pieza que estaba necesitando (un referente interior), pero lo que decidió este encuentro fue el aspecto mental. Durante tres cuartos de partido Golden State, el mejor equipo de la temporada regular, se sintió como un equipo inferior, en algunos tramos muy inferior a su rival. Su estrella, Stephen Curry, venía de hacer historia negativa en el segundo partido al establecer el récord de triples fallados y su confianza se iba a ver mermada en este partido. Klay Thompson, el segundo de a bordo, no tuvo un día tan acertado como en Oakland y solamente tuvo pinceladas de su calidad. Ante eso, Golden State pasaba a ser un equipo normal, sus jugadores especiales no estaban y Kerr desde bien temprano tuvo que comenzar a sacar agua de la barca para no hundirse.

El técnico de los Warriors cambió su discurso del primer y segundo partido. Del “seamos nosotros mismos” pasó a un “corazón y competir, competir y competir”. Sabedor que su equipo estaba sin la frescura habitual les reclamó que remaran hacia el mismo lado y que intentaran no salirse del partido en ningún momento. Si conseguían estar cerca sabía que en algún momento iban a recuperar sus sensaciones habituales. Sin embargo, eso no tuvo lugar hasta el último cuarto. En los dos primeros pudieron aguantar el tirón gracias a un Andre Iguodala que desde el primer partido de las finales se sabe importantísimo y cogió el mando ofensivo del equipo ante la casi renuncia de Curry-Thompson; sin embargo, en el tercer cuarto al equipo se le vieron todas las fisuras debido a unos Cavaliers que durante ese período se sintieron por primera vez capaces de ser campeones de la NBA esta temporada.

EN CLEVELAND NO ECHAN DE MENOS A IRVING

David Blatt ha encontrado la manera de potenciar a LeBron James e ir implicando cada vez a más jugadores en la fase ofensiva del equipo. Mostradas las dos caras de su jugador estrella en Oakland, en el primer partido como Power-Forward y en el segundo como base, el técnico pareció pedirle a su pupilo que mezclase todo lo que pudiese para provocar que Golden State tuviese que estar durante todo el encuentro pensando en defensa y LeBron de nuevo mostró su mejor versión: 40 puntos, 16 rebotes y 8 asistencias. Los Warriors todavía no han encontrado respuesta a las nuevas preguntas que le ha presentado el mejor jugador del mundo.

Irremediablemente Cavaliers sabe que solo con la anotación de LeBron James no puede ganar, como pudo comprobar en el primer partido y sin Irving parece que David Blatt ha disfrazado a varios jugadores de su base All Star para que su estrella no note la diferencia. El engaño es para su equipo y para el rival; por una parte, el técnico apuesta porque los que les toca jugar por su compañero lesionado hagan lo que él hacía y con ello LeBron James sigue teniendo los mismos automatismos y el rival sigue necesitando cubrir a Irving por lo que James puede respirar.

Sin embargo, el gran mérito no es que los jugadores hagan las mismas cosas que hacía Kyrie Irving, el mérito es que se han creído que son de verdad su compañero y su nivel alcanza por momentos el que estaba ofreciendo el All Star. Blatt tiene dos Irving en plantilla: JR Smith, quien técnicamente es el jugador más capaz de hacer olvidar al base, ya que su dominio del balón es similar, y Mathew Dellavedova, por quien nadie se hubiese apostado nada antes de empezar las finales pero que se lo ha creído y en este tercer partido consiguió incluso su récord anotador en NBA con 20 puntos.

Lo de JR Smith no deja de ser algo puntual, haciendo sólida su fama de jugador de rachas, pero lo de Dellavedova ha llegado a otro nivel. En este encuentro el australiano, que ya había secado a Curry en el segundo partido aunque solo pudo anotar dos puntos (los tiros libres que dieron el triunfo a su equipo), fue capaz de elevar su juego a otro nivel. Defensivamente hizo una exhibición histórica ante Curry durante tres cuartos no permitiendo que el actual MVP fuera capaz de recibir ni una sola vez cómodo, de hecho, todas las canastas del jugador de Golden State en el partido vienen a causa de una ejecución técnica impecable. Dellavedova está obligando a Curry a la excelencia y al no conseguirlo en el primer tiempo el fabuloso tirador se hundió, más si cabe viendo que el australiano no solo era capaz de defenderlo, sino que también estaba anotando con suficiencia. Durante tres cuartos, el de los Cavaliers convirtió a Curry en un jugador vulgar y eso lo aprovechó su equipo para tomar una renta de 20 puntos (68-48).

KERR ENCONTRÓ LO QUE BUSCABA: UNA REFERENCIA INTERIOR

Sería faltar a la verdad decir que la diferencia que señalaba el marcador al final del tercer cuarto (72-55) había sido solamente culpa del juego exterior de ambos equipos. Por dentro, Mozgov, Tristan Thompson y LeBron James estaban haciendo mucho daño a Golden State Warriors. El pick and roll frontal de Cleveland causaba estragos ante un Andrew Bogut irreconocible en estos playoff y que se estaba viendo superado continuamente por un Mozgov, que en los dos partidos anteriores había sido un buen colchón de puntos para su equipo mediante las continuaciones tras bloqueo y los remaches bajo aro.

En este tercer partido, el ruso fue más muro que nunca: en ataque, ofreciendo siempre un bloqueo que atrapaba al rival y daba a LeBron la opción de penetrar si Tristan Thompson estaba detrás del ruso haciendo una pantalla, o permitía a la estrella de los Cavaliers, tras pasar el bloqueo, quedarse con Bogut y rápidamente abrir para un triple abierto. Ambas opciones se mostraron muy efectivas. En defensa mostró toda su intimidación con hasta tres tapones en el prolífico tercer período que dejó a Golden State en mínimos históricos de anotación en ese cuarto en esta temporada.

Steve Kerr, en busca de soluciones para acabar con el potencial ofensivo de Mozgov, probó de darle más minutos a Festus Ezeli, quien se mostraba más rápido de pies que Bogut y era capaz de seguir al ruso en las continuaciones lo que dejaba un menor número de opciones ofensivas a Cavaliers. No obstante, el nigeriano tampoco aportaba una amenaza interior en la parcela ofensiva por lo que Warriors se veía una y otra vez con la necesidad de que su duo exterior acabase todas las jugadas de ataque. Ante eso, el técnico de Golden State le dio el testigo a David Lee, quien había pasado de titular a cuarto pívot de la rotación en una temporada. En esta ocasión, Marresse Speights no iba a asomar por el parquet pese a su potencial ofensivo; su falta de defensa y rebote parece que no compensa en este duelo ante Cavaliers.

Y con David Lee parecieron solucionarse todos los problemas de los Warriors. El exjugador de los Knicks es un jugador que destaca por su capacidad de anotación y por su rebote. Las dudas venían en la defensa, pero Lee cayó en el partido en el último cuarto como agua de mayo para sus compañeros. En los primeros minutos del período fue con su movilidad uno de los artífices del 8-0 inicial que obligó a Blatt a parar el encuentro al ver que el poder anotador de Lee estaba haciendo daño en la pintura, y posteriormente su presencia en pista provocó que Stephen Curry pudiera despertar del letargo.

Si bien es verdad que Cleveland Cavaliers demostró llegar al final del partido algo agotado, cabe recordar que usaron solamente ocho jugadores y dos de ellos no llegaron a los once minutos, el juego de Warriors reencontró su frescura con Lee. El pívot, mucho más móvil que Bogut o Ezeli, no se quedaba clavado en el triple tras hacer el bloqueo frontal inicial para Curry y cortaba hacia dentro en cada ocasión. Con este simple movimiento permitía que el MVP tuviera algo de espacio para sacar su tiro o poder doblarle el balón dentro para anotar él mismo. Y así consiguió que Curry entrara en un estado de “flow” que le permitió anotar 17 puntos en el último cuarto, con cinco triples y tres de ellos en los últimos 80 segundos; pese a ello, necesitó seguir dando el 100 % de su nivel técnico ante la defensa de Dellavedova e incluso LeBron James y, por ello, los de David Blatt se llevaron el tercer partido de las Finales.

* Iñaki García es periodista.




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