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"Donde está la fuerza también está, en ocasiones, la debilidad". David Llada


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Sobrevivir sin Messi y sin Iniesta

por el 30 septiembre, 2015 • 15:07

messi

Luis Enrique se estrenó como entrenador del Barcelona la temporada pasada con un dibujo táctico bastante diferente de lo que había sido habitual en los años anteriores. Messi abandonó el falso nueve flanqueado por extremos abiertos para jugar de enganche, de ’10’, situándose por detrás de dos delanteros más centrados. Este movimiento provocó un efecto dominó en el resto de piezas del equipo: los laterales se convirtieron en carrileros largos y los interiores tuvieron que escorar su posicionamiento para poder cubrir la espalda de los laterales.

A pesar de los buenos resultados iniciales, el sistema presentaba debilidades que se hicieron evidentes en el partido de Champions contra el PSG en París, por lo que el asturiano enterró su idea original y el equipo pasó por distintas fases hasta que después de la derrota en Anoeta pareció que se había dado con la tecla: Messi volvió a arrancar desde la posición teórica de extremo derecho, pero siendo a la vez el verdadero organizador del juego azulgrana. De esta forma, después de que el cerebro del equipo se moviera del mediocentro al interior derecho cuando Rijkaard cambió a Xavi de lugar, ahora volvía a hacerlo para situarse todavía más arriba.

El ajuste final que permitió no solo competir, sino incluso alcanzar la gesta del triplete con suficiencia (victoria en todos los partidos de Copa del Rey y título de Champions eliminando a los campeones de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia siempre por dos o más goles de renta), fue la recuperación de algo de protagonismo de los interiores en el juego del equipo para poder alternar así fases de transiciones vertiginosas con otras de mayor control. Para ello fueron fundamentales la aportación de Iniesta y la reconversión como falso interior de Alves, que tanto combinaba en corto con Messi como ayudaba a Busquets en las transiciones defensivas al emplazarse casi siempre por detrás del balón.

Diferentes lesiones y el momento de forma propio del inicio de temporada han impedido ver esa mejor versión del Barcelona en los primeros partidos del curso presente, especialmente porque la ausencia inicial de Alves fue suplida por un Sergi Roberto que acumuló actuaciones de mérito, pero sin replicar ese dúo creativo entre el brasileño y Messi por la derecha que era el motor de creación del Barça del triplete.

Cuando el regreso de Alves (a pesar de estar lejos todavía de su mejor versión) parecía empezar el camino de retorno progresivo al modelo de juego que terminó triunfando la temporada pasada, la lesión que tendrá a Messi alejado de los terrenos de juego durante casi dos meses ha provocado que todos los culés, desde Luis Enrique hasta los anónimos aficionados en sus casas, hayan empezado a hacer cábalas sobre cómo jugar en ausencia del que además de ser el mejor jugador del mundo había terminado por convertirse casi en un sistema de juego por sí solo.

La primera opción lógica habría sido intentar seguir jugando de forma similar, manteniendo lo más posible los mismos mecanismos de juego, pero el único jugador de la plantilla que podía aportar algo parecido a lo que ofrece Messi en la derecha (salvando las evidentes distancias) es Rafinha, quien también está fuera de combate.

La segunda opción era mantener el sistema, pero intercambiando los roles de los dos carriles. En vez de construir el juego a partir del carril derecho (Messi-Alves) para obligar el contrario a bascular y dejar espacios por los que penetrar por la izquierda (Neymar-Alba), construirlo por la izquierda (Neymar-Iniesta) para penetrar por la derecha (Sandro/Munir-Rakitic). Esa pareció ser la idea de salida contra el Bayer Leverkusen, pero el plan no podrá utilizarse en las próximas semanas porque, más allá de que el Barça se viera claramente superado por la presión del Bayer en la primera parte, la lesión de Iniesta deja a los azulgranas sin un interior capaz de compartir con Neymar la generación de juego por la izquierda.

Así, condicionado por una plantilla corta, la imposibilidad de alinear a Arda Turan ni Aleix Vidal hasta enero y la infortunada plaga de lesiones, en la segunda parte del partido contra los alemanes Luis Enrique se vio abocado a cerrar el círculo y volver al sistema que ensayó en sus primeros partidos al mando de la nave culé: un 1-4-3-1-2 con el jugador más desequilibrante del equipo, Neymar en ausencia de Messi, situado de enganche tras dos puntas, los laterales convertidos en carrileros, e interiores con más capacidad de recorrido que de generación de juego.

Teniendo en cuenta que durante unas semanas será imposible utilizar variantes que necesiten perfiles de jugadores que ahora no están disponibles en la plantilla (ni extremos ni interiores capaces de dirigir el juego), parece más que conveniente recuperar los análisis que se hacían del primer Barça de Luis Enrique para detectar cuáles eran sus principales déficits e intentar solucionarlos con los recursos disponibles ahora.

Iniesta

El primero era una preocupante fragilidad en el centro del campo. Las coberturas de los interiores a las subidas de los laterales se traducían en un aumento de la distancia entre ellos. Esto dificultaba su participación en la construcción del juego, que muchas veces terminaba siendo un correcalles, y además dejaba a Busquets aislado en el centro del campo, incapaz de contener por sí solo las transiciones ofensivas de los rivales cuando el equipo perdía el balón.

Otro problema era el lateral derecho. El rendimiento del Alves carrilero de principios de temporada pasada poco tenía que ver con el que consiguió después como falso interior. Durante el primer trimestre, los partidos del brasileño se caracterizaban por frecuentes faltas de concentración en tareas defensivas y por acumular pérdidas de balón peligrosas al tratar de salir jugando desde atrás. El Alves de los dos últimos partidos vuelve a recordar al del comienzo del pasado curso.

La debilidad de Mascherano en el área propia también era un quebradero de cabeza. Imperial en la anticipación y la salida al corte, el argentino brilla tanto defendiendo lejos de su portería como sufre cuando tiene que hacerlo cerca de ella, especialmente cuando tiene que achicar centros laterales y balones colgados al área. En un contexto de menor control del partido, el escenario menos favorable al argentino en su versión defensa central es mucho más frecuente, y esos defectos le penalizan visiblemente.

Finalmente, el equipo en general mostraba una preocupante vulnerabilidad en el juego aéreo, centros laterales y jugadas a balón parado, problema que se ha repetido en lo que llevamos de temporada.

Antes de dar respuestas concretas a esos problemas hay que partir de la base que un Barça tan distinto del acostumbrado vivirá en un contexto diferente al habitual. Sin Messi e Iniesta, la falta de jugadores creativos hace prever que el Barcelona tenga más dificultades para enfrentarse a defensas cerradas. Incapaz de crear espacios mediante el juego, al equipo no le quedará más remedio que tratar de generarlos invitando al contrario a adelantar líneas, lo que se consigue planteando una defensa a más baja altura y acelerando las transiciones ofensivas, aunque eso implique también aumentar el número de transiciones defensivas.

Una vez comprendida esta realidad, las soluciones a los problemas anteriores empiezan a hacerse evidentes, sobre todo dadas las pocas alternativas posibles con los jugadores disponibles. Si empezamos por el eje de la defensa, parece claro que mientras se utilice este plan de contingencia Mascherano ya no será la pareja ideal de Piqué. Viendo cómo rindió en los partidos que disputó a principios de temporada, Vermaelen seguramente sería el elegido, pero vuelve a estar lesionado. Entre Bartra y Mathieu, el primero defiende mejor el juego por alto y también ofrece mejor salida de balón, pero comparte perfil preferido con Piqué y ha sido irregular en los minutos que ha jugado hasta el momento. De cualquier forma, en un contexto de repliegue más bajo cualquiera de los dos parece mejor que Mascherano dados los problemas de este enumerados anteriormente.

En el lateral derecho, lo que se le pedirá al carrilero encaja mucho mejor con lo que ha venido ofreciendo Sergi Roberto en esa posición que con lo que puede dar Alves. Más allá del estado de forma puntual, a día de hoy también favorable al catalán, el canterano parece interpretar mejor cuándo doblar y cuándo no, dando menor sensación de vulnerabilidad a su espalda, y cuando lo hace se muestra bastante más preciso centrando que el brasileño. En el lateral izquierdo, Jordi Alba no tiene discusión.

Por delante de la defensa, el mismo cambio de escenario que quita puntos a Mascherano como central se los da como mediocentro. En esa posición, el Jefecito no destaca por su participación en la salida del balón ni por su capacidad para recuperar balones en presión alta (características imprescindibles en el juego del Barça de los últimos años), pero sí lo hace por la amplitud de sus movimientos en la zona ancha actuando como barrendero y destructor del juego rival. Esto es lo que lo hace imprescindible con la selección argentina y lo que le podría asegurar un puesto en este Barcelona de circunstancias tan distinto del que estamos acostumbrados a ver.

Por lo que respecta al encaje de Busquets en esta nueva realidad, apuntamos ya algunas respuestas en un artículo del año pasado dedicado a analizar una eventual reubicación de Messi en el Barça como enganche. En el nuevo dibujo, la presencia de Mascherano en el centro del campo permitiría situar a Busquets como interior, reduciendo su zona a barrer y dejando de parecer un bombero que llega tarde a la mitad de los fuegos. Desde esa posición, Busquets podría volver a llevar a cabo las tareas en las que más destaca: servir de conexión preferente entre los centrales y el organizador del juego, y maximizar su capacidad de robo tras pérdida al estar siempre situado más cerca del juego y, por lo tanto, del balón. Lo que hacía desde el mediocentro cuando Xavi dirigía el juego desde el interior o Messi desde la derecha, lo haría ahora desde el interior, jugando siempre cerca de un Neymar convertido en enganche y jefe de operaciones.

El otro interior quedaría reservado para Rakitic, quien seguro que agradecería un rol más parecido al que le hizo brillar en el Sevilla que el que ha venido teniendo en el Barça como ocupante de los espacios que libera Messi en la punta derecha. Otra opción sería utilizar aquí a Alves para sacar provecho de las mismas virtudes con las que ya brilló la temporada pasada ejerciendo de falso interior: capacidad de asociación en corto y buena presión posperdida si juega más por detrás que por delante del balón.

En la delantera, los grandes beneficiados serían Sandro y Munir. Condenados al ostracismo cuando la MSN está disponible y el sistema pide extremos que abran el campo, sus características encajan mucho mejor como segundas puntas acompañando a Luis Suárez. Son jugadores con profundidad para aprovechar espacios a la espalda de las defensas contrarias, ofrecen movimientos dentro-fuera que arrastran defensas y abren espacios por el centro, tienen capacidad de sacrificio en defensa, tanto en la presión como para replegarse en un 1-4-4-2 que libere a Neymar y Suárez arriba, y, aunque pueda parecer lo contrario por lo visto en sus últimas actuaciones, también tienen gol. Seguramente lo que les falta para confirmarlo es la confianza que pueden ganar si tienen más continuidad en un sistema donde tienen un más fácil encaje.

FC Barcelona (No Messi) - Football tactics and formations

Todos estos cambios redundarían en un Barcelona todavía más alejado de los cánones del juego de posición de lo que ya lo estaba el que ganó el triplete el año pasado. Pero por otro lado sería un equipo más cercano a la idea original de Luis Enrique, una idea que puede encajar mejor con el perfil de jugadores que puede ofrecerle la plantilla disponible en estos momentos. El tiempo dirá si basta o no para sobrevivir sin Messi ni Iniesta, y en caso de hacerlo, si el técnico asturiano regresará a la fórmula del año pasado cuando vuelva a disponer de todas las piezas o si preferirá dar carpetazo definitivo a la herencia recibida.

* Xavier Codina.


– Fotos: EFE – Miguel Ruiz (FC Barcelona)




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