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"Entonces marcábamos goles, pero no nos daban trofeos por hacerlo". Telmo Zarra


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Ceder o no ceder, esa es la cuestión

por el 17 abril, 2017 • 11:17

Shakespeare asoma cuando nos planteamos qué objetivos busca un club y su entrenador a la hora de ceder a un jugador.

Empecemos por lo esencial: para el club que cede, el jugador no es prioritario en ese momento; para el equipo que recibe al cedido, es una actualización para su plantilla. La cuestión es algo normal en el fútbol, pero es sensible cuando hablamos de jugadores que se han formado en tu propia cantera.

Por regla general, los canteranos suelen ser excedentes de producción de una cantera que fabrica cada año jugadores que ven cómo no son capaces de alcanzar el sueño de asentarse o, como mínimo, debutar con el primer equipo. No nos engañemos, Messi solo hay uno. Y partir de esa premisa es la que nos debe tener muy presente que lo normal es que los jugadores de canteras poderosas no lleguen a ser referentes de sus equipos.

Pensemos en el Real Madrid, la cantera de España. Jugadores con un talento grande han desfilado en categorías inferiores, pero quitando algunas excepciones (Quinta del Buitre, especialmente) no han sido la base de su plantilla. La conclusión es sencilla: el Real Madrid necesita  a los mejores jugadores del mundo cada año y eso obliga a que, o no se tenga paciencia con los canteranos y su rol sea secundario (Casillas, Raúl o Guti son los nombres que se salvan de la quema) o bien se busque negocio con ellos, aunque el caso de Carvajal sea la excepción que confirma la regla, volver y triunfar.

Pensemos en el Bayern de Múnich, el gigante que forma canteranos pero no cree en ellos. Y no es que los canteranos del Bayern sean peores que en otros lados, es que sencillamente el poder muniqués extiende sus redes sobre todo lo que se mueve por Alemania. ¿Para qué formar canteranos si podemos comprarlos y, de paso, hacer negocio?

Pensemos en el Barcelona, que despreciaba bajitos durante años hasta que llegó Laureano Ruiz. La creación de La Masia, el cocer a fuego lento, con Cruyff como baluarte, tenía en la exigencia extrema y el ojo clínico una receta del éxito. ¿Quieres jugar en el Barça? Vale, pero tienes que saber que lo normal es no llegar al primer equipo. Y el que se cree que puede llegar, no se cede. Si pensamos en las cesiones de Cruyff como entrenador, no habrá muchos que se hayan ido y vuelvo, quizá Ferrer y Carreras sean de los pocos que tuvieron la fortuna de volver al club catalán si la memoria no me falla.

Pero el Barça es distinto. ¿Por qué? Porque como el Ajax, los canteranos son su eje radical en los mejores momentos del club. El Barça necesita a sus canteranos porque ellos hablan un idioma que tiene hilo directo con el aficionado y la manera de sentir el club. Y eso es lo más importante, el idioma. Luego podremos discutir si la calidad es mayor o menor, pero necesitas hablar el mismo idioma.  Existen dialectos en este idioma futbolístico, claro (no es igual Xavi, que Iniesta, o Iniesta que Thiago o Cesc pero todos sabían lo básico) y también gente que se interesa por aprenderlo (fichajes), pero el Barcelona tiene en los canteranos su piedra filosofal.

Hablábamos de ceder o no ceder. Para mí, hay una cuestión básica. ¿Tiene el canterano en cuestión la marca del primer equipo asignada o no? En caso afirmativo, la respuesta en mi opinión es tajante: no se le cede. Y pasaré a enumerar las “teorías” por las cuales se habla de cesiones y  por qué creo que a los canteranos no se les debe ceder si son válidos para el primer equipo:

  • Ceder a un jugador es importante para que gane minutos: eso no tiene ninguna lógica desde el punto de vista del club de origen. Ceder a tu jugador que debe ser referencia en unos años con la esperanza de que se foguee en otro equipo es una entelequia. Que juegue en el tuyo. O mejor aún, que no juegue, pero que aprenda a tu lado. Que sea paciente, que aprenda del que está delante. Pensemos en la cantidad de jugadores que se cedieron pensando que “tendrá minutos” y se han comido las gradas y los banquillos de varios equipos. Y nunca volvieron a su club de origen porque, oh, sorpresa, se quedaron estancados.
  • No van a salir canteranos buenos todos los años: rebatir esto es como decir que el sol no sale mañana, absurdo. Pero lo que está claro es que si no confías en ellos ciegamente no saldrán ni este año, ni al otro, ni al siguiente. Nunca.
  • Tienen que ser los canteranos los que tiren la puerta abajo: ni hay puerta ni nada que se lo parezca. Lo que debe haber es una estructura que potencie a los jugadores desde la base y alguien que tenga sintonía con los entrenadores para establecer una hoja de ruta. Ni más ni menos.
  • El salto de 2ªB a Primera es muy grande y más en equipos grandes: obvio. Pero por eso hay que tener una hoja de ruta que potencie el Juvenil A y pueda tener el filial en Segunda. Aun así, no hay que ser un loco de las categorías. El salto es igual desde Segunda B o Segunda para el que tiene la cabeza amueblada y los conceptos asentados. Y el respaldo del entrenador.

Desde aquí mi propuesta (ya anuncio que poco secundada, me temo) sobre qué debería hacerse con los canteranos que tienen verdadero perfil primer equipo.

  • Primer año de Juvenil: subirle al equipo donde tenga minutos, ya sea Juvenil B en caso de haber C o A en caso de haber solo dos equipos.
  • Segundo año de Juvenil: darle galones y que disfrute del juego siendo importante.
  • Tercer año de Juvenil: ser referencia de su equipo y alternarlo con partidos con el filial cuando fuera posible.
  • Primer año de profesional: subir al filial. Mirar, aprender y jugar lo que sea necesario. Y si es poco, pues poco.
  • Segundo año de profesional: jugar en el filial, empezar a ser pieza importante.
  • Tercer año de profesional: ser referencia en el filial, entrenar con el primer equipo. Quizá debutar.
  • Cuarto año de profesional: jugar en el filial, entrenar con el primer equipo todo el año y subir con él cuando sea necesario. Ser el jugador 18 de la primera plantilla.
  • Quinto año de profesional: bienvenido a la primera plantilla.

Con esta propuesta estamos hablando de que el canterano empieza a estar en el primer equipo a los 22-23 años, edad más que suficiente para: 1) aprender los conceptos del profesionalismo; 2) aprender las reglas no escritas del entorno profesional; 3) madurez necesaria para saber que no va a ser el nuevo Messi saltando etapas; 4) tranquilidad desde el club al formar a un chico maduro que tiene la edad competitiva necesaria para hacer las cosas bien.

Alguien puede argumentar que es una locura que un chico de 22-23 años debute en el primer equipo pudiendo hacerlo antes.  Pero con esto te aseguras que no los quemarás prematuramente. La frase de Tito Vilanova (“Si Iniesta no fue titular hasta los 21 años qué te hace pensar que tú sí”) es una constante que debería estar presente en todos los clubes profesionales. Y así, cuando alguien rompa de verdad a jugar con 18 años, podamos decir que es verdaderamente bueno. Cuántos jugadores de 18 años han creído (bien por creencia propia o embravecidos por un entorno deseoso de comerciar con el jugador) que son tan buenos como los profesionales y andan con 25 años desengañados de todo…

Los canteranos como base, pero no a cualquier precio. Cuando estén bien formados. Y eso solo se logra si: 1) se quiere; 2) se sabe formar; 3) si el entrenador cree en ellos; 4) si se quiere (de nuevo). Solo así se podrá hacer una hoja de ruta clara que permita a los jugadores saber que tendrán una oportunidad. Por supuesto no saldrán cinco canteranos por año, pero quizá uno sí. Y quizá esa plaza que ocupa un jugador extranjero que has comprado por 30 millones sea para un canterano. Y quizá te ahorres 30 millones y muchos fantasmas. Solo quizá, a no ser que busques tajada en el negocio.

Ceder o no ceder, decíamos. Pero ceder quién, ceder dónde. Solo el club que tenga claro qué hacer con sus canteranos tendrá una identificación con sus aficionados y las cuentas saneadas evitando dispendios en medianías ofertadas como oro por el representante de turno.

* Ricardo Zazo es entrenador de fútbol.



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