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Alemania tiene más vidas que los gatos

por el 27 junio, 2015 • 1:44

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Ya avisó Lineker que en el fútbol juegan once contra once y siempre acaba ganando Alemania, a pesar de que enfrente esté una Francia superlativa, formidable, magnífica que aplastó a su rival en el terreno táctico, pero no en lo decisivo del fútbol: los goles. Las francesas hiceron un auténtico partidazo. Thomis machacó el pasillo exterior en la banda derecha y obligó a Maier y Kemme a sufrir una barbaridad en la faceta defensiva, con una Necib dulce y elegante castigando desde la segunda línea, con una espectacular Henry en el centro del campo que se zampó ella sola a Leupolz y Gössling, que lo pasaron realmente mal. Pero Francia perdió en los pequeños detalles, en esos que deciden partidos: ganaba a seis minutos del final y Majri cometió un penalti. Y cuando iba 1-1 y la prórroga acababa, Gaetane Thiney tuvo a un metro de portería el gol de la semifinal, pero falló de forma tan increíble que ni ella se lo creía. Numerosas ocasiones de gol, momentos decisivos donde ejecutar a una Alemania que, sin oxígeno, se plantó en unos penaltis donde Angerer fue decisiva al parar el definitivo lanzamiento de Lavogez.

Francia salió en modo imparable: a los 40 segundos Thomis apuñaló por primera vez el costado derecho y se la regaló a Necib, que falló de manera incomprensible. Fue la primera de las múltiples ocasiones de gol de las que las francesas dispusieron en la primera parte, pero que fueron incapaces de transformarlas. Fue una primera parte soberbia del conjunto francés, que aplastó a la Mannschaft con dos jugadoras como estandartes de su juego: Henry, que se agigantó en el centro del campo, y Thomis, que corrió como una gacela por la banda y avasalló a la defensa alemana. Silvia Neid se rompió la cabeza durante 45 minutos: primero llevó a Gössling de mediocentro izquierdo para aguantar las embestidas de Thomis, después cambió a las laterales de banda para ver si Maier era capaz de pararlas. Pero nada salía, imposible detener el vendaval francés, al que le faltaba lo primordial de este juego: el gol.

Amandine Henry hizo un partido majestuoso, con un recital en mediocampo. Abily, viendo el nivel de su compañera, jugó más retrasada y le dio los mandos de control para que destrozara el ataque alemán. Cada robo de balón pasaba por sus botas y lanzaba a Thomis. Una y otra vez, Leupolz no podía parar el poderío táctico y técnico de Henry, que estaba desatada en el mediocampo. Junto a Abily tejieron esa red que atrapó a Mittag y Leupolz en la organización del ataque alemán. Y cada vez que robaban el esférico se cargaban la presión de Gössling, que estaba siendo superada porque Alemania perdía el balón muy rápido y lo hacía en la zona del mediocampo, donde Henry dijo que era ella la capitana y se jugaba a lo que a ella le daba la gana.

Henry daba un recital de juego y Thomis interpretaba a la perfección. Correr y correr para reventar la defensa alemana por fuera. Una y otra vez cabalgó por el pasillo exterior como quiso. Parecía una maratoniana que solo buscaba mejorar en cada zancada que iba dando. Regaló asistencias de todo tipo, pero ni Delie ni Le Sommer marcaron. Y aquí fue donde Francia le dio vida a Alemania, que veía cómo en esta primera parte parecía escapársele el mundial. Y no era porque estuviesen horribles, sino porque Francia hizo que Alemania pareciese un equipo menor, minimizado en cada jugada de Francia, que estaba dando una lección de fútbol.

Francia tuvo a Necib en modo elegante, sutil, bello. No había aparecido en todo el mundial, pero lo hizo en el partido clave. Marcó el gol francés y antes tuvo tres ocasiones muy claras y generó muchísimo peligro a una Maier que no se descompuso y aguantó como una guerrera cada detalle técnico de Necib. La Zizou del fútbol femenino estiró el ataque francés por la banda izquierda y aparecía en esa diagonal cuando Gössling y Leupolz estaban fuera de sitio, como hizo en el gol: ganó la espalda de las mediocentros alemanas y dominó la segunda jugada. Era la Necib de fútbol exquisito y fino, con detalles de calidad en cada jugada, con infinitos recursos técnicos y una sangre fría bestial para poner el balón en la escuadra en la tanda de penaltis, lo que hizo a su compañera de club Lara Dickermann llevarse las manos a la cabeza al ver la ejecución perfecta del disparo.

Silvia Neid advirtió pronto que estaban siendo aplastadas por un huracán francés y decidió quitar a su goleadora Mittag y dar entrada a Marozsán tras el descanso. Una lectura fantástica del partido porque igualó las fuerzas en mediocampo y amainó el recital de Henry. Con la excelente Marozsán, Alemania tenía más balón, aunque solo fuese para retenerlo y avanzar metros, con lo que obligó a que Francia retrocediera a su portería y los robos no fuesen tan fáciles, ya que las alemanas estaban mucho mejor ordenadas, lo que evitó que Thomis corriera desatada por el carril derecho. Fue un simple movimiento de piezas, pero vital para que Alemania se quitase la respiración asistida.

Cuando Alemania le había tomado el pulso al partido y Marozsán dominaba el juego ofensivo, llegó el gol francés en la jugada donde menos hilvanaron. Houara lanzó un balón largo buscando a Delie, Peter despejó de cabeza hacia el centro, donde el balón le cayó a Necib para que lo mandara al fondo de la red. Un gol que podía ser clave porque quedaban solo 25 minutos para el final y porque Alemania, por primera vez en el Mundial, tenía que remontar un choque cuando no había recursos desde el banquillo y en el campo eran incapaces de dominar a una Francia imperial que estaba dando un recital tanto en defensa, estando muy ordenadas y esperando a que Alemania se enredara en su telaraña, como en ataque corriendo al espacio. Aquí se produjo una decisión que solo se entiende desde el cansancio, porque Bergeroo quitó a Thomis y metió a Lavogez. Sacaba del campo a su bala cuando el partido se le había puesto literalmente para correr.

A cinco minutos del final llegó una acción decisiva. Majri, que estaba realizando un partido fenomenal, tocó un balón con la mano y concedió la oportunidad a Alemania desde el punto de penalti. Sasic empató. Imposible matar a las alemanas, son inmortales. En los peores momentos siempre despiertan para competir de forma extraordinaria, incluso cuando son claramente superadas por el rival. Nunca se vienen abajo y Silvia Neid transmitió esa garra desde fuera para que Alemania mentalmente siguiera estando dentro de un partido que las tuvo más eliminadas que clasificadas.

Bergeroo dejó sola en la prórroga a Thiney arriba y reforzó el centro del campo con Hamraoui, mientras que Neid quitó a una desgastada Gössling, que estuvo superada, aunque en la primera parte aguantó como pudo el vendaval francés y en concreto a Henry. El giro de rodilla de Behringer dejó heladas a sus compañeras, que pedían a gritos la tanda de penaltis. Cuando el partido ya agonizaba llegó otro detalle que le pudo dar a Francia esa semifinal que tanto merecía. Lavogez le regaló un balón sublime a Thiney que, de forma incomprensible, lanzó fuera cuando estaba completamente sola ante la portería. Atacó el balón con la derecha en lugar de con la izquierda y falló el gol que valía la semifinal para una Francia que la mereció.

El partido se decidió de la manera más dura: la tanda de penaltis. Behringer, Laudehr, Peter, Marozsán y Sasic no fallaron para Alemania; mientras que Thiney, Abily, Necib y Renard también marcaron. El penalti decisivo recayó en la joven, pero fantástica jugadora, Lavogez, que se encontró la mano de Angerer. Las francesas se van del mundial y se vuelven a quedar a las puertas en los grandes torneos de dar el salto definitivo en cuanto a resultados, pero hoy puede ser el punto determinante porque han dado un paso cualitativo extraordinario, con un recital de juego aplastando a una Alemania que como dijo el gran Gary Lineker siempre vence en este juego. Han demostrado que son como los gatos: tienen muchas vidas.

– Alemania-Francia (Cuartos de final, Mundial 2015). 26-junio-2015. Estadio Olímpico de Montreal. 1-1 (Necib, Sasic p.). Alemania gana en penaltis 5-4
ESTADOS UNIDOS SERÁ SU RIVAL

En el otro partido de cuartos, Estados Unidos eliminó sin dificultad a China con un gol de la capitana Carli Lloyd (que cumplía 200 partidos como internacional), que cabeceó espléndidamente un balón centrado por la joven central Johnstone, una de las grandes revelaciones del torneo. La primera semifinal de la Copa del Mundo, por lo tanto, empareja a Estados Unidos con Alemania.

* Fran Moreno es periodista.




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