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“El crédito no existe en el deporte”. Pep Guardiola


Frederic Porta / Firmas

E-pistolario: Favelas morales (1)

por el 20 enero, 2014 • 17:53

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Querido Martí:

Permíteme lanzar este sucedáneo de e-pistolario por fascículos, dedicado hoy a la (presunta) exclusiva de El Mundo, a propósito de la operación Neymar a su paso por la Audiencia Nacional, y avanzando ya que mañana nos centraremos en las reacciones de la junta directiva, aliñadas con reflexiones centradas en la remodelación del Camp Nou. Al margen de esperar las preceptivas confirmaciones sobre lo publicado, dejando de lado la tendencia a matar mensajeros y a que el mal, por supuesto, siempre viene de fuera, a servidor le da que, de ser finalmente cierto, esto es un Watergate en toda regla que justifica por sí solo una moción de censura contra Sandro Rosell. En cualquier caso, lo decidirá el socio, ese ente tan abstracto, si se indigna por el precio de 95 millones donde decían 57, por las constantes mentiras vertidas sobre la cuestión o por la tremenda opacidad y consiguiente pérdida de credibilidad que ha entrañado su tosco manejo desde los despachos directivos. Conste que ya llegábamos al escándalo actual –es un escándalo, sin duda–, tocados por actuaciones anteriores que nada tienen que ver con lo estrictamente futbolístico y corresponden también a la decisión de los gestores. Enumerando de corrido y a vuelapluma, sea la grada de animación, el sometimiento a Qatar, el exagerado baile de cifras dedicado al nuevo coliseo o la presión ejercida y mantenida sobre periodistas o voces disidentes al proceder de la actual directiva, por citar apenas las lindezas más rutilantes y evidentes protagonizadas desde este sanedrín.

Antes de proseguir con el argumentario, la justificación del epígrafe: hay que vivir en una favela moral, de precario rigor ético, para redactar el contrato y las cláusulas de Neymar y acordar lo allí acordado, expresar como se expresa el pacto formalizado. Vayamos por partes en el repaso de los hechos tal y como se han impreso en el rotativo de marras. Por mucho que firme quien firma la información o, precisamente por ello, no le otorgamos tamaña capacidad de inventiva. Al padre del susodicho futbolista, que no es ojeador, técnico, ni nada que se le parezca, le cae la propina de dos kilos por espiar, toma, a ver si se le aparece algún talento caído del cielo. Y otros cuatro millones para que espabilen buscando contratos publicitarios en Brasil, chúpate esa segunda excusa. Lo mejor, por pusilánime y artero, llega ahora: 2,5 millones con pretendido destino social “para ayudar a los niños de las favelas de Sao Paulo”, según el texto impreso hoy, el del follón in crescendo. De verdad, parece una broma. Si les faltaba imaginación llegado el momento de definir los conceptos y las simples excusas o no querían que figurara la verdad por no pagar a las respectivas haciendas –al final se debe resumir en eso–, haber recurrido a un redactor con meninges, pero eso de tocar la fibra, el corazoncito, la vomitiva estupidez de quedar políticamente correcto dando de comer a los hambrientos parece, directamente, burlarse de todo y de todos, de un rastrero brutal, de una falta absoluta de escrúpulos. Recreémonos un momentito ahí: ¿el Barça se dedica ahora a procurar por los niños necesitados de Brasil? Bueno, pues si se mete a eso, mejor empiece a sentir empatía por los propios, por los que no están a un continente de distancia. ¿El Barça paga por alentar la solidaridad de Neymar? Si aceptamos esa, seguro que, para la vida en general y bajo cualquier contingencia, nos vale pulpo como animal de compañía, ya no podemos quejarnos por nada. Total, si en cada día de nuestra bregada existencia en la parte amplia y baja de la pirámide, cualquier estructura de poder nos mete tres –por soltar un número– bien dobladas, podremos tragar con esta cuarta, aunque lleve trazas de rueda de molino y la dilatación de nuestra garganta dé físicamente para lo que da.

Resultaba demasiado difícil, por lo que se desprende de todo el proceso, precisar que se compraba a Neymar llenándole de oro los bolsillos para que eligiera los colores azulgranas entre la corte de pretendientes. Tan sencillo como eso, simplemente, no hace falta meter favelas por medio. Ya quedó el Santos fuera del asunto, resignado a cobrar 17 millones que bienvenidos son cuando este año expiraba el contrato y podía quedarse literalmente con un palmo de narices y un cero inmenso en el capítulo de ingresos por traspaso, pero pasa de castaño oscuro que este trío de apéndices contractuales hayan aparecido justo ahora ya que, por lo visto, fueron formalizados tras la presentación del astro brasileiro. Vamos, que todavía muestran la tinta fresca, por secar, son dádivas sumadas a las anteriores, a esos 40 millones soltados para que el chico eligiera Barcelona. Maniobras nada sutiles, feas, oscuras. Siguiendo con los apartados de la información, lo que oficialmente eran seis millones de ficha anual se elevan hasta los quince gracias a estos conceptos, dedicados al chaval, la familia y el montaje de empresas que lucen detrás. Todo el entramado provoca la llamada ingeniería negocial, otro eufemismo del momento creado para mantener la confidencialidad del turbio asunto, ahora echada al garete por filtración de la Audiencia Nacional. En qué manos anda el Barça, si me permites expresar la reflexión que genera el asunto. Y lo dejamos aquí, sin entrar en dos amistosos valorados en nueve millones y sin llegar a conclusiones sobre otros diez millones que bailan, imposibles de meter en cualquier cuadrícula razonable. Solo recordar que Watergate fue cuando fue y ahora, por lo visto, no hay manera de saldar legalmente cuentas con los tramposos de cualquier signo y condición si te ha dado por nacer o residir en la llamada piel de toro. Aquí no dimite ni dios, ya lo sabemos, ni aún que le pilles in fraganti con las manos en la masa.

Bueno, y ahora, el resto, el jaleo. El reparto y circunstancia de la trama va detrás y solo deberíamos atender a lo que dicte el juez, no al fenomenal tsunami de capotes que aparecerá por medio para añadir ruido de conspiración, cortinas de humo, jaleo de opositores, trinchera de adversarios a los simples hechos derivados del contrato de traspaso, tal como son según lo probado ante la justicia, no la interpretación sesgada que desee realizar cualquiera en defensa o ataque a personas o colores. Entre las infinitas derivadas, no deja de tener su sardónica gracia que fiches a tu cuarto director de comunicación y no evite, palie o, al menos, informe a priori sobre algo tan dañino a publicar por quienes fueron sus jefes y compañeros de staff, ya ves. Si damos el salto a esa jungla, conviene no confundir periodismo de investigación con que te pasen la filtración, el dossier o la mandanga en cuestión para fastidiar a quien la ha pifiado notoriamente. Tampoco el medio crea patente de certeza o fiabilidad, que ya nos conocemos todos en este país tan divertido, cuna de la picaresca, de ahí que recurramos por enésima ocasión a la sentencia del juez, a que dé o quite razón al demandante ante los papeles estudiados y ahora ya de dominio público.

Hoy, Martí, oía en una tertulia a modo de tirita que eso es lo normal en el fútbol español, que todos los contratos, más o menos, van igual, que tampoco hace falta rasgarse las vestiduras. De acuerdo solo en un punto: hemos perdido la capacidad de escandalizarnos y de erradicar de nuestro paisanaje social a cuantos obran de tal manera, esos espabilados instalados más allá del borde de la ley que consiguen ponernos los pelos y los vellos de punta. Ayer, uno de esos corifeos de la prensa conchabada con Rosell a los que sobornan a base de simples Big Mac, tenía los santos aquellos de proclamar que esta directiva lo hace todo fantástico, la lástima es que no consigan comunicar bien. Cuando no tienes discurso, plan de ruta, norte y una serie de cuestiones previas, cuando haces las cosas como las haces, cuando te saltas a la torera promesas y programa electoral, normal que te pillen con el carrito del helado. No solo las haces contra legalidad. Es que encima eres un chapuzas. Y eso no lo arregla ni Bernstein, ni Woodward, ni cualquier chiquilicuatre que, creyéndose a su altura, no llega moralmente a la suela de los zapatos de nadie que sea honrado, decente y cabal.

Volvamos a la retórica, planteémoslo como enlace entre el temario de este texto y el de mañana. Si con el fichaje de Neymar saltamos de los 57 a los 95 con esta alegría, y visto el baile de cifras dedicado al presupuesto para modernizar el estadio, ese que va a brincos de saltamontes, ¿hay que confiar la remodelación del Camp Nou a este personal? No solo por quién pueda beneficiarse del reparto de ganancias, sino porque empezaron considerando una carísima locura los 250 millones del plan Foster ideado por su enemigo Laporta en el 2008, como aseguraba Rosell entonces, y acaban colándote 600 millones de gasto que pueden ampliarse hasta el infinito por un, ay, vaya, mal cálculo presupuestario. Tal como pasó en la década de los cincuenta cuando elevaron el actual santuario, por cierto. Entonces, un poco más y quiebran el club. Lo que no quebró, al contrario, fue el bolsillo de granados representantes de la más considerada burguesía local. Como el Barça lo tapa todo, allá vamos…

Sobre todo y ante todo, que se confirme la veracidad de todo lo publicado hoy, mantengamos cierta prudencia y presunción de inocencia aunque cueste, aunque no hay guionista ni imaginación capaz de inventarse lo que hoy desvela El Mundo gracias a sus topos en la Audiencia Nacional. Fácil predecir que, anunciada la comparecencia de Rosell y su círculo de confianza, el próximo paso es sentirse ultrajados y poner cara enojada, muy seria, para desmentir todo lo desmentible y achacarlo, por falta de imaginación, a los enemigos del Barcelona y su perseguidísimo, vaya, presidente. Un momento, si aquí hay centro de la diana, conste que se ha colocado él solito. Por ahora, una observación del panorama en Barcelona avisa que ya va llegando su séptimo de caballería mediático al galope, a ver si consiguen rescatarlo, aunque, con amigos así de evidentes e interesados, igual solo le acercan al precipicio. Y la final: pagando el Barça, cualquiera va a lo grande. No es dinero de su bolsillo, precisamente. Lo pagado a Neymar y entorno resulta una descomunal cantidad que incluso levanta sospechas de mayor recorrido, de las que van muchísimo más allá de lo enunciado aquí.

Pues eso, querido, mañana, más. Un abrazo

Poblenou, ciudad sin ley

* Frederic Porta es periodista y escritor.

– Foto: EFE



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