Perarnau Magazine

"Entonces marcábamos goles, pero no nos daban trofeos por hacerlo". Telmo Zarra


Frederic Porta / Firmas

E-pistolario: Pasar página

por el 27 enero, 2014 • 15:50

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Querido Martí:

Ando de vuelta, dale que te pego a la misiva, igual de atónito y estupefacto, o más, que el agitado día de la dimisión. De Sandro Rosell, se entiende. Al margen de manejar información, contrastar fuentes, darle al teléfono con adicción, estudiar dos cursos de cinismo, no fiarse de su repajolero padre y otros lugares comunes sobre el oficio, también puede acreditar al periodista su capacidad de observación. Fijarse en cualquier detalle cual búho aparcado en rama privilegiada desde donde pueda otear gran paisaje y panorama. Martí, aquí –entiéndase Barça en general y en particular–, pasan cosas muy raras. El mochuelo instalado en el olivo diría que el peculiar fenómeno contemplado en estas horas podría sintetizarse bajo el titular pasar página, no confundir y nada que ver con barrer bajo la alfombra, ni nada propio del cuarto milenio esotérico o de las habituales teorías conspiranoicas. Muy tangible todo. Desde que Rosell utilizó la excusa de las amenazas para desmarcarse del cargo, la sucesión de hechos y observaciones va a ritmo de Sputnik, no alcanzamos siquiera a seguirlo con la vista. Empecemos a desgranar que está significando eso del pasar página.

Transcurridos unos días, sabemos que el ya expresidente anda de desconexión por Londres con la familia y nadie, absolutamente nadie, ha abundado en las auténticas razones de su marcha. Se ha aceptado el genérico “amenazas” como animal de compañía sin pestañear, sin siquiera levantar un dedo de solidaridad ante el turbio y reprobable asunto. Por el momento, claro, tragamos con la excusa, pero visto lo visto y comprobado lo comprobado, tampoco hemos asistido a grandes réquiems de mandato, ni sinfonías de homenaje tocadas para lamentar su marcha, ni artículos apologéticos en la prensa afín o no afín. ¿Te vas? Pues hasta luego, Lucas, ya nos veremos, si quieres envía una postal. Pasemos página con frialdad de asesino a sueldo. La oligarquía, desde luego, no lo ha despedido bajo el palio de los honores destinados a los suyos, no han brotado hagiógrafos de debajo de las piedras ni se encendieron botafumeiros de incienso en su recuerdo. La clase política tampoco ha movido una ceja, que bastante mochila cargan ya con lo suyo del funambulismo en la consulta. Le han dejado hacer sin ponerle una coma. A nivel popular, ni una manifestación, ni una barricada, ni siquiera una triste lágrima de cocodrilo para disimular, ya que nadie, constatamos, se ha rasgado las vestiduras. A Rosell se le ha dado pasaporte como si nunca hubiera existido, como si se tratara de un espejismo propio del ya fenecido y en tiempos llamado oasis catalán. Podría ser, aventuraría el búho, que a pocos kamikazes les interesa postularse en apoyo, decir la suya a su favor, posicionarse o significarse –que se decía bajo el yugo del franquismo– en defensa del saliente doliente, no vaya a ser caso que nos sorprenda con algún fregado brasileño o chapuzas de este cariz. Vamos, ni caso. Diríase que se han cambiado de camisa con una alegría brutal, han trocado la montura equina en plena carrera a galope tendido sin ningún problema de ningún tipo. ¿Ahora toca Bartomeu? Pues ahora toca Bartomeu y a otra cosa, mariposa, pasemos página, nunca pasa nada.

A pesar de la unanimidad de decisiones tan pregonada en esa Junta, tampoco se les ve a sus integrantes en absoluto afligidos por el adiós. Ni funeral ni exequias. Rotundo pragmatismo popular, el vivo al bollo, el muerto al hoyo, cruel, drástico, la vida es así, no la he inventado yo. Por tanto, continúo en el mismo sitio del palco, luciendo cargo ante amigos, parientes, conocidos y saludados –que decía el gran Josep Pla– y todo me está bien mientras me convenga. En todo caso, aseguran, el presidente regente y su círculo de confianza pueden maquillar las evidencias en la cuestionable gestión del club y punto. Fuera el arrogante portavoz que ha conseguido atragantarse a todos, pongamos a otro. El vocero de marras ni siquiera merece mención por nombre más allá de aplicarle metafóricamente la ocurrencia de Woody Allen en Broadway Danny Rose: “Al lado de la definición que da el diccionario sobre la palabra ‘prepotente’ salía su foto”. La del letrado con gafas ese. En su carbonizado lugar situarán a un experiodista ahora metido en el tema de los derechos audiovisuales al que recomendaría, si fuera su amigo –que no lo soy–, dejar pasar ese cáliz de verse obligado a comunicar con transparencia por delegación aquello que el resto de la directiva desearía ocultar por tendencia natural. No, en cuatro días literales no pueden haber cambiado tanto, no vayamos a consentirles por un tono afable, una sonrisa, un hacer menos crispado y tenso.

Pero aún hay más, mucho más, Martí, en el panorama. Jopé con la respuesta del Camp Nou al lío: pasando, que es gerundio. Hay más ganas de hablar ante el cortadito sobre si Messi será de mayor regista, trequartista, asistente o qué, que de gastar saliva en Bartomeu. El socio a lo suyo, como si fuera consciente de que el equipo sostiene la institución y que así ha sido durante la última década, muy judicializada, sí, pero espléndida en la cosecha de títulos que es, en definitiva, lo que interesa de verdad al seguidor. Algunos han tildado de “muestra de madurez” esa reacción de la parroquia ante el Málaga. Son, precisamente, los oráculos y poderes fácticos que ahora aprietan para legitimar cuanto antes, en 48 horas, a los sucesores, que así seguirán con los pactos ya cerrados, con los mismos negocios en marcha. Qué madurez ni qué niño muerto… Mientras Messi sea presidente in pectore del Barça y rindan al nivel ya acostumbrado los futbolistas a nómina, allá se las compongan los de la corbata con sus peleas palaciegas, sus intrigas de poder. Tiempo atrás, cuando todo era un caos, arriba y abajo, en el despacho y en el césped, la peña cargaba pancartas, se posicionaba, cavaba trincheras a favor de su ismo de cabecera si hacía falta. Ahora ya no, se acabó tan peculiar fenómeno de expresión participativa. Ahora solo se le pide a la gente de traje caro que no dispare a los pies del equipo, que no sean tan burros. Si se quieren matar entre ellos, es su problema, igual que si se quieren pasar el día ante el juez. Diríamos que se evidencia, se hace corpóreo cierto hartazgo, ahí va nuestra hipótesis, ante las envidias, pleitos bizantinos, odios africanos protagonizados por la generación de aquellos jóvenes turcos, los másteres del universo, los reyes del power point que cumplieron con creces el encargo recibido durante los años de plomo y ahora están plenamente amortizados. Laporta, Rosell, Soriano y otros realizaron una ingente tarea transformadora hasta generar indirectamente la mejor época de la historia y ahora que ya son mayores, nadie aguanta ya su tozudez de tirarle fango al examigo, al excompañero de junta. Hemos llegado al fin de su tiempo, vuelve el barcelonismo a necesitar savia nueva. Si lo piensas a fondo, bastante fuerte, la cosa: todos los ejecutivos agresivos, liquidados; toda su manera de hacer, superada. ¿Y quién entrará ahora en escena? No hay oposición, no hay personaje carismático que aspire al relevo y eso, detalle tan trascendental, Bartomeu y los suyos lo saben, de ahí las prisas en ocupar posiciones dando sensación de naturalidad, de haber estado ahí toda la vida.

También en este vertiginoso fenómeno del pasar página, parecen dispuestos a archivar rápido, a ritmo de Usain Bolt o casi, la posibilidad y/o alternativa de elecciones anticipadas. A pocos parece importarle que Bartomeu haya relevado a Rosell cuando este mundo del fútbol es tan presidencialista que, en junio del 2010, votaron por el dimisionario el 60 % de cuantos acudieron a las urnas. Votaron por Rosell, no lo hicieron por nadie, absolutamente nadie, de su equipo. Cuando preguntas por ello ante tan flagrante alteración de pautas democráticas, responde el eco como por resorte que Laporta no cesó a partir de perder la moción de censura por los pelos, contestan que también a él le salvó la redacción de los estatutos. ¿Y qué tendrá que ver un ejemplo con el otro? También Laporta quiso ser ratificado por una asamblea extraordinaria tras el revolcón del voto contrario cosechado. El caso es que se va apagando el ruido de las voces demandantes de un proceso casi natural, consistente en el nombramiento de una junta gestora y la convocatoria de nuevas elecciones en el menor plazo posible, incluso antes de acabar la temporada futbolística con el objetivo de normalizar democráticamente la situación. En cuatro días, nadie pedirá eso, también se ha pasado página sin siquiera aparentar que son unos demócratas de tomo y lomo. Curioso que se decida hacerlo de tan pastelero modo justo cuando el club, lo dice la historia, aguantó carros y carretas de similar tipo en épocas delicadísimas, dependiendo incluso la supervivencia de la entidad durante tales procesos, y ahora descarte hacerlo, en plena situación boyante. Si el vestuario te ha demostrado ya hasta el hartazgo que anda bunkerizado a prueba de cualquier bomba institucional que desees endilgarle, ¿para qué te niegas al paso por las urnas? Prefieren tirar hasta el 2016 aunque, de ese modo, si aceptaran la alternativa, igual tenían cuatro años de propina añadida, gentileza de la fuerza de los votos. Peculiar, francamente peculiar.

Transición liquidada en tres días y deseo generalizado, por lo visto y ya expuesto, de mostrar mapas de calma chicha donde aún debería existir, por ley natural, evidente mar de fondo. Cuán curioso, todo metido en el mismo saco. Incluso que el relevo, el deseado sin saberlo, la nueva época, la renovación y sangre fresca lo tenga imposible porque le quedan dos oktoberfest por delante de contrato firmado. Lástima, era el momento de citar a Guardiola en la presidencia, acompañarle con gente futbolera de confianza a la manera del Bayern y normalizar el club menos normal del mundo. Ahora que el Fútbol Club Barcelona tiene modelo reconocido y admirado en el campo, estilo irrenunciable de juego, le falta acabar de pintar el cuadro de éxito buscando la manera de liquidar esas cíclicas convulsiones en el palco. Hace muchos, muchos años, se decía que los magnates del textil se pasaban el porrón. Luego vino la dictablanda de sagaces constructores y desnortados hoteleros. Hemos vivido el tiempo de los WASP blaugranas (jóvenes, aunque sobradamente preparados… para asesinarse por odio) y ahora tocaba otra variación provisional en la tendencia de gobierno en espera de que Pep, algún día, decida dar el paso al que está predestinado. Bueno, pues habrá que conformarse a que alguien cubra el interregno. Si la sonrisa afable de Bartomeu aguanta dos telediarios más, si sus aliados confirman que lo suyo seguirá igual –regado el terruño del negociete a medias–, carpetazo en cuatro días, aunque, para disimular, seguirán diciendo que Twitter les es hostil. Una balsa de aceite, ya ves. Un remanso de paz a los tres días de una tempestad de carácter histórico. ¿Nixon, quién es Nixon? ¿Pero han cambiado de presidente? Pasemos página, que está de supermoda, es fashion, trending topic en los barrios altos de Barcelona y segundas residencias de la Cerdanya. Cómo se pasan, anda que no son listos ni nada. Lampedusa otra vez, pero en pequeñas dosis. Cambia uno, maquilla cuatro cosillas y sigamos adelante, disimula…

De la demanda ante la Audiencia Nacional, nada añado, que eso es pasarela inestable como pocas. Con decir que aparece, quizá para dar un susto de muerte, hasta el mismísimo Mario Conde.

No sé, me parece que –al paso que vamos– intentaré ahuyentar al búho observador, no vayan a caérsele los ojos de pasmo tras contemplar lo que está ocurriendo ante nuestras mismísimas narices y nos carguen la factura por vacilar con una especie en extinción. Un abrazo y buena semana, caballero.

Poblenou, atalaya con prismáticos

* Frederic Porta es periodista y escritor.


– Foto: Álex García (La Vanguardia)



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