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Firmas

El diálogo interior de Valentino

por el 28 octubre, 2015 • 22:26

rossi

“Me he equivocado. Lo sé. Lo que no comprendo es por qué estoy tan nervioso. He ganado nueve mundiales. He disfrutado como nadie de la profesión que he amado desde pequeño. Por qué no decirlo, he sido dominador de una era. Y la posibilidad de volver a ganar, cuando creía que no retornaría jamás, me ha cambiado el carácter.

Antes bastaba con una declaración a tiempo para desestabilizar a mis rivales. Yo iba sobrado encima de la moto, era capaz de ganarles en casi todos los cuerpo a cuerpo. Es evidente que cuando tienes confianza eres otro. El miedo a la victoria siempre está ahí, acechando en forma de bola en el estómago, pero casi siempre fui capaz de superarlo. Y hoy, sin embargo, ha sido superior a mí.

Quizá todo venga de haber peleado contra archienemigos. En aquella época todo era más fácil: o estabas conmigo o contra mí. Biaggi lo odiaba y eso me daba ventaja. Sete, que creció muchísimo, no podía llegar al nivel que yo exhibía sobre mi primera Yamaha y chocaba una y otra vez contra el equipo grande, como el aspirante gana una liga después de haber perdido diez y lo considera el logro de su vida.

Ahora, sin embargo, hay algo de todo eso que cambió. Como ha ocurrido con las redes sociales o los millenials, los enclaves de poder se han diversificado y yo me he quedado en algún punto del camino. Con Lorenzo nunca me he llevado bien y encima fue el primero en dejar de respetarme en un paddock. No le culpo. Fue aquella ambición la que le permitió ser campeón. La entiendo perfectamente. Dani nunca molesta, y cuando lo hace siempre es a final de temporada, después de haber perdido matemáticamente sus opciones en el Mundial.

Pero Márquez es incomprensible para mí. Alguien capaz de adelantarme de aquella manera en Laguna Seca y declarar que seguía siendo su ídolo. Un niño en el que vi tal potencial que compré parte de su porcentaje de merchandising. Y sobre el que vertí unas acusaciones que ni yo me creí el pasado jueves, pensando que todo sería como antes. Pero me equivoqué: aquí hay un chaval que no solo ha ganados dos títulos, sino que siempre querrá demostrar que cada lance que pueda ganar valdrá la pena luchar por vencerlo. Es su ADN, como siempre ha sido el mío. Hasta este año.

La verdad, después de lo de Ducati jamás creí que podría volver a estar aquí. A una carrera de ser campeón otra vez. Me conformaba con seguir corriendo para no retirarme pensando que estaba acabado. Con recuperar las sensaciones que me hicieron feliz sobre una moto. De hecho, con el ritmo que tenía este año pensaba que estaría arriba, pero no tanto. Y, por primera vez en mi carrera y en mi vida, he sido conservador. Yo no soy así. No sé correr así. Y eso me ha desquiciado.

Soy duro en la pista, sí. Pero no más que otros. Lo que yo he hecho lo hicieron antes todos los que hoy han pedido una sanción mayor. Incluso mi querido Marco Simoncelli fue acusado de ello, muchas veces con razón, en innumerables ocasiones. Pero lo de Malasia ha sido simplemente una rotura de esquemas. A mí siempre me habían respetado. Siempre había sido el hombre temido. Y ver cómo alguien se enzarzaba en una guerra que no era la suya me ha dolido. Aunque, mientras escribo esto en mi motorhome, pueda llegar a comprenderlo.

Me siento muy mal. He declarado lo que he declarado porque lo contrario hubiera supuesto la descalificación. Pero quien me conoce sabe que mi cara y mi actitud me delataban. No recuerdo siquiera la mitad de la carrera. Todos estos pensamientos se agolpaban en mi mente mientras movía la moto de forma mecánica a derecha e izquierda. ¿Se puede conducir a 250 kilómetros por hora casi sin mirar al asfalto? Sin duda, porque es lo que yo he hecho hoy.

Pero la pregunta que me corroe es: ¿merezco el título? Si gano en Cheste, ¿lo habré fundamentado en una acción antideportiva? Y si no lo consigo (o directamente decido no hacerlo), ¿puede un error humano empañar todo lo que me he ganado esta temporada? Por primera vez en mi vida estoy hecho un lío. Aunque una cosa tengo clara: no puedo volver a defraudar a toda la gente que me ha apoyado todos estos años”.

* Este es un hilo de pensamiento literario y ficticio. Una técnica llamada ‘Flujo de conciencia’ y empleada habitualmente para reproducir aquello que el narrador cree que podría estar pensando el protagonista de la historia.

* David Blay es periodista.


– Foto: EFE




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