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Internacional / Fútbol

Volvió para ser leyenda

por el 16 diciembre, 2014 • 13:05

diego-milito

Llegará el día, dentro de muchos años, cuando los que hoy son jóvenes ya pinten canas, en el que les podrán contar a sus hijos o incluso a sus nietos que fueron testigos de cómo un hombre se convirtió en leyenda. Lo harán con emoción, con melancolía y agrandarán una gesta que ya de por sí es enorme. Diego Alberto Milito regresó a Racing Club, la institución que lo vio nacer, y volvió a consagrarse campeón, apenas seis meses después de su llegada.

Tomar la decisión de la vuelta no era fácil. No porque tuviera un ciclo abierto en Europa (ya había conseguido todo con el Inter y su último año en fue con más padecimientos que alegrías), sino porque arriesgaba mucho aceptando el compromiso. Racing era cualquier cosa menos una institución tranquila. El equipo venía de hacer la peor campaña en la historia y solo la existencia del sistema de promedios había evitado que la Academia cayera a la segunda división.

¿Cómo pensar en un título ante ese panorama? Milito, quien tenía el ejemplo de su hermano Gabriel y su fallido último paso por Independiente (clásico rival de la Academia) antes del retiro, no dudó y fue el primero en arreglar su incorporación en el receso entre temporadas. Arriesgó, y detrás de él comenzó a llegar una andanada de refuerzos que venían a reconstruir un conjunto que había penado durante un largo año.

Las ventas de Rodrigo De Paul y Luciano Vietto, además de un resarcimiento por la salida de Bruno Zuculini, le permitieron a la Academia invertir. Luciano Lollo, Leandro Grimi, Gastón Díaz, Facundo Castillón y Marcos Acuña fueron algunos de los nombres que llegaban para sumar. Ezequiel Videla prometía tras un buen andar en Colón, y en cuestiones de un puñado de partidos ya se había convertido en uno de los más queridos. Pero ninguno de los refuerzos, excluyendo al Príncipe, fue tan decisivo para la consecución del Torneo de Transición 2014 como Gustavo Bou. El exjugador de River y Olimpo llegó el último día del mercado de pases para completar el plantel. No era primera opción, y su arribo estuvo marcado por la polémica, debido a que el agente del jugador y del entrenador, Diego Cocca, era el mismo. Incluso algún directivo mencionó que su llegada había sido un exceso. El delantero fue un plus enorme para un conjunto que con sus goles se fue ilusionando en la mitad del campeonato. A esos gestos interesantes que había demostrado en sus primeras apariciones le sumó gol, y cuando entró en confianza no hubo vuelta atrás: se desató y se ganó el corazón de todos los racinguistas.

Pero Bou no habría sido el mismo sin tener al lado a un tipo de semejante jerarquía. Milito los hizo mejores a todos. A sus compañeros ocasionales de delantera, al resto del equipo, al entrenador, al club en general. Sus acciones dentro de la cancha clarificaban el juego; sus declaraciones fuera de la cancha marcaban el camino.

El Príncipe, que se mueve en el Cilindro como si fuera su feudo, ya había sido campeón en Racing en el famoso Apertura 2001, que cortó una racha de 35 años sin títulos locales. Era joven, alternaba en la titularidad y no terminaba de explotar. De hecho, se fue al Genoa de Italia siendo muy querido, pero lejos de ser lo que es hoy. Se hizo ídolo a la distancia, por televisión. El hincha de Racing veía a Milito haciéndole cuatro goles al Real Madrid en sus tiempos del Zaragoza, triunfando con el Inter de Mourinho (con doblete incluido en la final de Champions del 2010) y se preguntaba si volvería al club ese tipo que se había transformado en un delantero de elite. Todos lo soñaban, él jamás se lo sacó de la cabeza. Los Verón o Maxi Rodríguez estaban como ejemplos latentes de que existían segundas partes muy alegres para aquellos consagrados que vuelven de Europa.

Convirtió 6 goles y jugó para la historia, la misma que le reservó un lugar de privilegio. Desde 1961 ningún futbolista lograba dos títulos locales con la institución de Avellaneda. Cuando quedaban seis jornadas para el final y Racing parecía despedirse del campeonato, Milito dijo que el equipo debía sacar 18 puntos de 18 y esperar. Eso hizo la Academia, que además lo logró sin recibir goles en contra (con la suerte como aliada, es verdad) y siendo letal en ataque.

No es casualidad que el bajón del equipo coincidiera con su ausencia por lesión. Su regreso fue con tintes heroicos: retornó a la formación titular en la reanudación del juego suspendido ante Boca Juniors. Aquella jornada, Racing superó a los Xeneizes con dos goles de Bou en menos de 15 minutos y a partir de allí el equipo ganó en confianza. Milito no volvería a estar ausente y Racing despegó. Fue mutando su fisonomía, dejó de ser un equipo con ánimo voraz y pasó a ser un conjunto que aprovechaba sus momentos y que priorizaba el orden defensivo. Es lógico, aún sigue en formación: llegaron 14 futbolistas antes del certamen.

Las menciones especiales son para tres jugadores que llevaban años en el club con la frustración como lugar común. Iván Pillud, Gabriel Hauche y Sebastián Saja, quien sumó casi 600 minutos con el arco invicto en las últimas jornadas, finalmente lograron ese título anhelado. El mismo que festejan dos jóvenes surgidos en la cantera del club (quizás la más prolífica del fútbol argentino en este lustro): Ricardo Centurión –volvió tras un año en el Genoa– y Yonathan Cabral, quien se ganó el puesto en defensa y fue un puntal del título.

Pero nada de esto habría acontecido sin la presencia de Diego Milito, que terminó llevado en andas de cara a su gente, la que no para de demostrarle afecto y en especial agradecimiento. Seguirán llegando los desafíos, la Copa Libertadores aparece en el horizonte, y cómo verla como un imposible teniendo a un tipo de semejante jerarquía e impronta en el equipo. El 2015 será para disfrutar, ya que seguramente marcará el último año de la carrera de este señor futbolista que forjó su leyenda con categoría, pero movilizado por el amor propio y el amor a una camiseta. Las historias románticas todavía existen y merecen ser contadas.

* Diego Huerta es periodista y editor del sitio web “Cultura Redonda”.




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