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Inglaterra / Manchester United / Fútbol

Miedo al cambio

por el 25 diciembre, 2015 • 12:15

 

El baile de entrenadores en el Viejo Continente es una realidad. Pep Guardiola ya ha anunciado que no seguirá en el Bayern. A algunos, simplemente, el hecho de no hacerse por completo con los mandos de su equipo puede dejarlos en la calle, como es el caso de Manuel Pellegrini con el Manchester City. Otros, en cambio, han corrido peor suerte. José Mourinho fue despedido del Chelsea y ya se postula como posible ocupante de otro gran banquillo europeo: el del Manchester United. Louis van Gaal no convence. Ni el juego de los reds devils ni las escasas soluciones que plantea el técnico neerlandés. Hay que añadir el gran fiasco de la eliminación de Champions y, en menor medida, de la Capitan One Cup. En la Premier, cubierta la semana 18 de competición, el tan afamado Boxing Day, el United es sexto. No se viven buenos tiempos en Old Trafford desde que Sir Alex Ferguson abandonara el club en la temporada 2012/2013. El peor enemigo de este nuevo United es su propio pasado glorioso.

Trece ligas inglesas, dos Champions League, cinco FA Cup, cuatro copas de la liga… y así hasta un total de treinta y siete títulos consiguió Sir Alex. No es de extrañar que su marcha tras 26 temporadas consecutivas en el banquillo de Old Trafford sea tan difícil de olvidar. Buscar y ser el sustituto de una leyenda viva no es algo sencillo, y los dirigentes del club son conscientes de ello. El afamado técnico dejó escrito el nombre de quién quería que ocupara su sitio: David Moyes, que había realizado unas excelentes temporadas con el Everton, lo que había desencadenado rumores sobre su marcha a un club de mayor entidad. Ferguson pensó en él y los directivos quisieron seguir haciendo caso a quien les había convertido en uno de los mejores equipos del mundo. Quizá el error fue querer dar continuidad a un proyecto que se había quedado sin capitán general. Los jugadores más veteranos, con muchos títulos a sus espaldas, podrían experimentar una falta de ánimo con cualquier nuevo técnico, sabiendo que ya habían podido conseguir todos los títulos habidos y sin su valedor en el banquillo.

No obstante, Moyes asumió el cargo del equipo. En la temporada 2013/2014, año I después de Fergie, el Manchester United solo consiguió quedar séptimo, una clasificación que hacía muchos años que no se veía en Old Trafford. David Moyes no consiguió hacerse con los mandos de su nuevo club. El equipo titular apenas cambió. Ni el equipo titular ni el plantel general. Solo ligeros cambios y nuevos jugadores jóvenes de categorías inferiores fueron las variaciones más observables. El pobre bagaje deportivo forzó en abril de 2014 la salida de Moyes, algo tardía para muchos y ya sin tiempo para virar el rumbo del equipo. La leyenda Ryan Giggs asumió el cargo del equipo las últimas jornadas.

El galés pasó de ser el primer entrenador del equipo de su vida a ser el ayudante de Van Gaal en la siguiente temporada. Tras llevar a la selección de los Países Bajos hasta las semifinales del Mundial de Brasil 2014, los directivos del United pensaron en el neerlandés para hacer resurgir al equipo tras el descalabro de la campaña anterior. Van Gaal llegó, y bajo el brazo trajo uno de los bombazos de ese verano: la contratación millonaria de Ángel Di María procedente del Real Madrid. Van Gaal no retocó mucho al equipo, pero lo que sí hizo es cambiar algunos aspectos del juego del equipo, que pasó a ser algo más pragmático, muy parecido al desarrollado por la selección neerlandesa en el Mundial pasado. Se guardaba mucho orden atrás para intentar matar al rival en contragolpes muy verticales. El United compitió bien en la Premier League, pero quedó por detrás de los tres equipos más potentes en Inglaterra ese año –Chelsea, City y Arsenal–, lo que evidenció que el equipo de Manchester se encontraba un peldaño por debajo de la élite. Ni siquiera el hecho de no participar en competiciones europeas le otorgó alguna ventaja. Quedó cuarto, por lo que debería jugar la previa de Champions League en verano. Las sensaciones fueron mejores que en el año anterior, pero el rendimiento del equipo no mejoró excesivamente.

Nos encontramos en la temporada donde el United debía dar un salto de calidad tras su vuelta a la máxima competición de clubes y después del periodo de adaptación de los jugadores a las formas de Van Gaal. Pero, desgraciadamente para la entidad mancuniana, no está siendo así. El equipo dirigido por Van Gaal tan solo ostenta ocho victorias tras dieciciocho encuentros de Premier League. Ha empatado cinco partidos y perdido cinco. Ha marcado un total de 22 goles, muy por debajo de los números de los mejores clubes de la liga inglesa. Pero, por otra parte, es el equipo menos goleado (16) tras el Tottenham (14). Los números dicen bastante del juego del equipo. Las grandes actuaciones defensivas y las acciones inverosímiles de David de Gea han salvado bastantes puntos al equipo. Sin embargo, arriba las cosas no son tan positivas. Es un equipo sin ideas, sin creatividad y sin fluidez. Pese a poseer una de las mejores plantillas de la Premier League, sus goles y, en muchas ocasiones, su juego se basan excesivamente en las transiciones rápidas y en el juego directo con balones largos, sobre todo con Fellaini sobre el verde.

La posición en la Premier no es tan negativa si tenemos en cuenta el pobre juego mostrado por el equipo. Otra historia muy distinta es el resto de competiciones. A falta del debut en la FA Cup, el Manchester United ha sido eliminado de los dos que ha disputado. En la Capital One Cup eliminó al Ipswich en la tercera ronda, pero cayó en octavos. Una competición que podría arrojar algo de luz a la temporada del United se convirtió en otro descalabro importante. El Middlesbrough de Aitor Karanka eliminó al Manchester en la tanda de penaltis. Ahí no se quedó la cosa. En la Champions League quedó encuadrado con el CSKA de Moscú, el Wolfsburgo y el PSV. La irregularidad del United fue una constante. No consiguió ganar ningún encuentro fuera de casa. Perdió dos partidos y solo pudo empatar contra el CSKA, que acabó último. El Manchester United quedó tercero tras caer derrotado en la última jornada ante el Wolfsburgo. La Europa League es el consuelo de un grande venido a menos.

El año no comenzó bien desde el principio. La historia con De Gea y su frustado fichaje por el Real Madrid hizo que Romero disputara las primeras cuatro jornadas de liga, además de los partidos europeos. De este modo se pudo evidenciar una falta de estabilidad en la portería desde el principio de temporada, ya que al quedarse De Gea en Manchester la portería fue ocupada de nuevo por el español. Las lesiones han sido una tónica muy frecuente durante toda la temporada en el equipo, lo que no es excusa para el mal juego practicado. Shaw disputó su último partido del año ante el Liverpool, ya que sufrió una lesión de gravedad en Eindhoven. Fue el caso de un titular indiscutible que se cayó del once de forma drástica. La defensa apenas ha variado, con Smalling, Blind y Darmian. El lateral italiano se puede adaptar a la posición de lateral derecho e izquierdo, pero en cualquiera de los dos costados es un fijo para el técnico, sobre todo tras la lesión de Shaw.

El doble pivote más habitual dentro del 4-2-3-1 de Van Gaal ha sido el formado por Schneiderlin y Schweinsteiger. Tanto el francés como el alemán se han adaptado bien a esa posición. Dentro de los automatismos del equipo, el campeón del mundo es el que presenta una mayor libertad ofensiva, mientras que el exjugador del Southampton adquiere un rol más posicional. En todo caso, la edad pesa y Schweinsteiger ya no es aquel volante dinámico del Bayern. Casi siempre suele ser el primer cambio de Van Gaal y a veces su rendimiento hace bajar mucho el del equipo. La zona de tres cuartos ha estado ocupada hasta la fecha, casi siempre, por Juan Mata, un fijo para Van Gaal, y Memphis Depay. El neerlandés ha bajado el nivel que ofreció a principio de temporada, de ahí que haya comenzado a entrar en escena otro invitado: Lingard. El extremo inglés es una de las apuestas jóvenes habituales del técnico neerlandés. Se trata de un jugador muy rápido, fino en la conducción, pero con algo de problemas de cara a portería. Para el juego directo y vertical practicado por el equipo encaja perfectamente. El otro ocupante de la línea de tres cuartos suele ser Fellaini. El exjugador del Everton condiciona el juego de su equipo cuando está sobre el campo. Su gran físico hace de él una solución perfecta para partidos ante equipos muy encerrados atrás. Los balones en largos se convierten entonces en la tónica habitual de distintas situaciones de partido.

Rooney sigue siendo una de las piezas clave del equipo. Algunos resultados negativos del club han coincidido con la ausencia del crack inglés. El exjugador del Everton suele ocupar la demarcación de enganche con el objetivo de que tenga incidencia tanto en la creación como en la finalización de la jugada. Fellaini suele ser el damnificado cuando Wayne Rooney está en el once titular, ya que el recién llegado Martial se ha hecho con un puesto en el equipo. Su sonado fichaje por el Manchester United levantó una gran expectativa sobre él por la gran suma de dinero que se pagó. Poco a poco se ha ido haciendo con el puesto en el once titular a base de goles y buenas jugadas. Al igual que ocurre con el conjunto del equipo, su rendimiento ha ido de más a menos.

Tan solo se ha jugado la mitad de la temporada en la Premier League, por lo que todo puede cambiar. Lo que parece claro es que la confianza en Van Gaal se está agotando. El Manchester United navega como una nave sin capitán, sin rumbo fijo y añorando tiempos mejores.

* Christian Sánchez.




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